Autocuidado como forma de auto empoderamiento femenino

por | Alice Rodríguez, Opinión, Voces Visionarias

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Hoy somos personas testigo de un cambio sociocultural con distintos matices respecto a cómo las mujeres progresivamente hemos ido ganando terreno en los espacios públicos en cuanto a nuestra visibilidad se refiere; no obstante, el trayecto aún es largo, permean transgeneracionalmente los estereotipos y roles de género que terminan por afectar el autoempoderamiento, autovaloración y autobservación femenina, al punto en el que nuestra identidad se va perdiendo entre la diversidad e intensidad de tareas a desarrollar sustentadas en creencias limitantes o sesgos inconscientes basados en lo que socialmente se supone nos corresponde ejecutar, sobre todo, respecto al trabajo no remunerado en donde nuestro bienestar se ve disminuido por la falta de organización de nuestro tiempo, lo que genera un deterioro acelerado en nuestro organismo alterando diversas esferas de nuestra vida, lo que nos impide hacernos o mantenernos visibles en dichos espacios, teniendo especial énfasis las implicaciones derivadas de enfermedades crónico degenerativas.

De acuerdo con el Estudio Mujer, Discapacidad y Enfermedad Crónica llevado a cabo por la Universidad Complutense de Madrid y la Plataforma de Organizaciones de Pacientes en 2020, el tiempo medio que transcurre desde la aparición de los primeros síntomas de enfermedades crónico degenerativas hasta el momento del diagnóstico en las mujeres es de seis años, siendo en el caso de los hombres de la mitad.

Las mujeres, de acuerdo con el citado análisis, sufrimos el doble debido a que la eficacia en la aplicación del tratamiento tardío implica un avance en el deterioro de nuestra salud, situación que impacta el desarrollo de las mujeres en diversos ámbitos tales como el personal, laboral, social y económico, siendo las razones preponderantes el tiempo que le dedicamos al cuidado de otras personas lo que nos desvía de cuidar de nosotras mismas, así como el hecho de que nos quejamos menos de las dolencias o bien existen demasiados distractores que impiden atender la salud, lo que nos lleva a la reflexión de cómo se relacionan los roles de género con la falta de atención plena en nuestro autocuidado.

«La rutina, la crianza, la actual contingencia sanitaria, el desarrollo de diversidad de actividades en un constante piloto automático, el no delegar tareas y, sobre todo, no ser autocompasivas, es decir, tratarnos de forma sabia y bondadosa cuestionando nuestras emociones y sensaciones para ocuparnos de ellas, afecta considerablemente el autocuidado lo que a su vez impacta nuestro autoempoderamiento mismo que es holístico…»

Para la Organización Mundial de la Salud, la autoasistencia o el autocuidado es  la capacidad de las personas, las familias y  las comunidades para promover la salud, prevenir enfermedades, mantener la salud y hacer frente a estas últimas, así como a las discapacidades, con o sin el apoyo de atención médica.

Ello implica que cada persona sea autosuficiente en su cuidado y mantenimiento de salud física y mental; es decir, personas agentes activas en la gestión de su propia salud como lo es la prevención y control de enfermedades, automedicación y prestación de servicios de atención a personas dependientes; no obstante, existen barreras que impiden lograrlo, entre ellas, los estereotipos y roles de género.

La rutina, la crianza, la actual contingencia sanitaria, el desarrollo de diversidad de actividades en un constante piloto automático, el no delegar tareas y, sobre todo, no ser autocompasivas, es decir, tratarnos de forma sabia y bondadosa cuestionando nuestras emociones y sensaciones para ocuparnos de ellas, afecta considerablemente el autocuidado lo que a su vez impacta nuestro autoempoderamiento mismo que es holístico al estar sustentado en todo aquello a lo que le asignamos un valor en nuestra vida, tal como la formación, independencia económica, relaciones afectivas, trabajo remunerado, espiritualidad, poder de decisión, ocio, así como nuestra participación en la familia, lo que provoca un alto costo físico y mental en donde las dinámicas de género suelen ser protagonistas a tal grado que nuestro autoempoderamiento se ve disminuido y con ello el bienestar holístico.

La desigualdad de género se ha acentuado a partir de la pandemia siendo las mujeres las más afectadas; el desempleo que prevalece en sectores altamente feminizados como el industrial, hotelero, restaurantero y comercial, así como el hecho de redoblar esfuerzos para cumplir con el trabajo remunerado y no remunerado, aunado a que las mujeres hemos tenido que invertir más horas para cumplir con obligaciones educacionales y de crianza, incrementa de forma significativa el desarrollo de estados de ánimo de ansiedad y depresión, siendo el estrés un detonador en este tipo de afectaciones psicoemocionales. Por ello, es fundamental hacer conciencia de la importancia del autocuidado cotidiano, sensibilizando el tema no sólo en las mujeres sino, incluso, en las políticas públicas e institucionales que permita la prevención de enfermedades cuyo impacto a futuro será una barrera de visibilidad y actuación de las mujeres en los espacios públicos.

El autoempoderamiento se traduce en identificar de forma consciente cuáles son los valores que tenemos en la vida y su importancia, accionando estrategias que nos permiten mantener la atención en nosotras mismas reconociendo y aceptando emociones, necesidades, talentos y habilidades que facilitan sentirnos seguras en nuestra toma de decisiones.

En ese sentido, el autocuidado implica identificar en qué posición nos encontramos dentro de nuestra interacción familiar, social y laboral siendo capaces de revisar la distribución de tareas, responsabilidades y obligaciones que nos corresponden desde la perspectiva de género, por lo que poner límites ante demandas excesivas y evaluar estrategias conjuntas en la delegación de actividades permitirá de forma equilibrada cuidar de nuestra salud física y mental al tiempo que desarrollamos el resto de nuestras actividades con atención plena.

Es así que cuando somos conscientes de que el autocuidado forma parte de nuestros valores acrecenta nuestro autoempoderamiento, siendo el trato autocompasivo eje rector para permitirnos esos espacios sanadores y de flexibilidad psicológica orientados a sostener nuestra identidad; sin embargo, no podemos omitir la responsabilidad por parte de los gobiernos respecto a brindar información para que podamos tener alternativas y herramientas preventivas en materia de salud, al tiempo que se implementen políticas públicas tendientes a cerrar la brecha de la desigualdad de género.

Reflexión

El autocuidado en las mujeres requiere de identificarnos como seres humanos con los mismos derechos, responsabilidades y oportunidades respecto de los hombres.

Conductas y rutinas adoptadas por los aprendizajes adquiridos por medio de diversos agentes socializadores sustentados en estereotipos y roles de género son distractores de estar conscientes de nosotras mismas, por lo que el descuido físico y mental es normalizado al grado de perder nuestra identidad lo que afecta el poder que como mujeres tenemos de ser las únicas dueñas en libertad de nuestras decisiones, entre ellas, el ejercicio del cuidado de nuestra salud,
procurando bienestar de forma holística.

Bibliografía

  • Estudio mujer, discapacidad y enfermedad crónica. Informe de resultados (2020) Universidad Complutense de Madrid, Madrid, Plataforma de Organizaciones de Pacientes, Fundación ONCE, Observatorio Estatal de la Discapacidad.

  • Intervenciones de autoasistencia para la salud, Organización Mundial de la Salud.

Alice Rodríguez

Socia fundadora de Resilio Consultores, S.C. a cargo de las áreas de Psicología, en la atención psicoterapéutica a mujeres víctimas de violencia de género, y Sector Empresarial en la implementación de políticas institucionales en temas relacionados con la prevención a la violencia laboral y sexual, igualdad de género, diversidad, inclusión y no discriminación.

Psicóloga Clínica egresada de la Universidad Latinoamericana. Licenciada en Derecho, egresada de la Universidad Tecnológica de México.

Egresada, entre diversos estudios, del Máster en Derecho Administrativo y Tributario por la Universidad Complutense de Madrid; del Máster Interdisciplinar en el Estudio y Prevención de la Violencia de Género por la Universidad de Salamanca; del Diplomado en Mindfulness y Psicoterapia por el Instituto Iberoamericano de Estudios para la Paz en Murcia, España; del Diplomado en Derechos Humanos de la Mujer por la Universidad Austral en Argentina; Diplomado en Educación para la Paz y Derechos Humanos por la Universidad Iberoamericana, y Diplomado en Enfoque de Derechos y de Igualdad de Género, en Política, Programas y Proyectos por la OEA.

Cuenta con 25 años de experiencia profesional. Es articulista para el Tribunal Federal de Justicia Administrativa y conductora del programa de radio “Género y Acción” que se transmite por Caldero Radio.

 

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