El suelo pegajoso era esto…

Esto de cuidar es una rueda come mujeres, que te obliga a tener que poder con todo sin quejarte, con mínimos apoyos y la falta de solidaridad de muchas empresas que se hacen oídos sordos y ojos ciegos ante estas realidades que vive la mayoría de sus empleadas.

Foto de Vitolda Klein (Unsplash)

A principios de este año mi papá perdió parte de su pierna derecha en una operación muy dolorosa que hubo que hacerle por su condición de diabético. Fue dolorosa para él, no solo por el proceso en sí y las complicaciones de su cicatrización que aun no cesan, sino también dolorosa psicológicamente por lo que significa perder una parte del cuerpo y restringir movilidad para pasar a depender de los cuidados de otras personas.

Doloroso también lo ha sido para toda la familia, que lo quiere y hace propio su sufrimiento, sobre todo para mi mamá y hermano que son los que más están batallando con medicinas, enfermería, curas, dieta, inyecciones, transfusiones y un largo etcétera de cargas médicas que parecen no terminar nunca.

Vivo lejos de ellos, pero he ido un par de veces a estar allá desde la intervención quirúrgica, colaborando un poco en todo el trajín que representa tener un adulto mayor con complicaciones de salud en casa. Y con solo unos pocos días de permanencia pude darme cuenta lo que significan los cuidados. 

Hablo mucho del tema en mis escritos feministas y leo autoras que, sobre todo después de la pandemia, están clamando por un sistema que ponga esas labores en el centro de la vida productiva, pero reconozco que nunca fui víctima de ese mecanismo de exclusión que llaman el suelo pegajoso.

No lo viví cuando tuve a mis hijos pequeños, porque tenía el privilegio de trabajar y ganar lo suficiente como para pagarle a dos mujeres pobres para que se encargaran de mantener mi casa y mis hijos. Mientras yo estaba en la calle trabajando, ellas hacían de todo para que mi vida corriera fácil. Por lo que me enfrenté más a dinámicas asociadas al “techo de cristal”, las barreras que dificultan el ascenso a la cima y que vivimos la mayoría de las mujeres en niveles gerenciales y directivos.

Es una pelea dura esa, pero no se compara ni de lejos con la impotencia que sufren quienes están atascadas en las tareas de cuidar, sin tiempo para dedicarse a sí mismas o sus carreras, con presiones para generar ingresos, la mayoría solas o con parejas que no se involucran en la crianza, sin muchas esperanzas de salir del atolladero que, por mandato patriarcal, les toca asumir.

Foto de kampus production (Pexels)

Mientras ayudaba a mi mamá y a mi hermano (quien por cierto, aun siendo hombre, asumió esa tarea costándole perder una excelente oportunidad laboral) pensaba en la realidad de tantas mujeres empleadas en posiciones precarias, las de la base de la pirámide, que teniendo dos o tres hijos pequeños, deben cuidar a sus padres enfermos, lavar, cocinar, planchar, limpiar, ver tareas escolares y coordinar todo eso con un trabajo de 8 a 6, ganando salario mínimo, sin guarderías o geriátricos accesibles, luchando para llegar a fin de mes.

Muchas de ellas tienen ganas enormes de estudiar, prepararse, ascender, pero sin tiempo ni energía para dedicarse a hacer networking, ni dinero para tener mentoría o coaching, o ninguna de esas super herramientas que recomendamos en nuestros seminarios, que a ellas deben sonarle como a fantasías lejanas. Yo por lo menos abandoné el mantra ese de “si tu quieres, puedes” pero se sigue diciendo en no pocas charlas de “empoderamiento” con total falta de empatía y absoluto desconocimiento de estas realidades.

Confieso que la sensación de fatiga, falta de sueño, cansancio generalizado, ansiedad y estrés asociados a estas labores puede llegar a deprimir. Sobre todo, si sabes que una posible salida es ilusión o si todo el entorno te repite que ese es tu papel como mujer, madre, hija, hermana, esposa.

Muchas lo viven con resignación y frustración, una pequeña minoría logra despegarse, pero el costo de culpa y vergüenza por ello es enorme y es real. La salud emocional es la que más sufre en estos procesos, porque aun teniendo ayudas, la carga mental aparejada al peso sobre los hombros, es real. Esto fue lo más significativo que encontramos en nuestro estudio “Venciendo la inercia del suelo pegajoso” realizado entre Visionarias y FeminismoInc (2022)

Esto de cuidar es una rueda come mujeres, que te obliga a tener que poder con todo sin quejarte, con mínimos apoyos y la falta de solidaridad de muchas empresas que se hacen oídos sordos y ojos ciegos ante estas realidades que vive la mayoría de sus empleadas. Las más conscientes, las más modernas, piensan en guarderías o extensiones de permisos de maternidad o paternidad, como respuesta. Pero de allí no se pasa, se sigue viendo a las mujeres “y sus rollos” como un gasto ojalá evitable, perdiéndose muchos talentos que pudieron haber sido aprovechados.

Obviamente, las empresas solas no pueden con un problema tan grave como este. El Estado debe estar allí para brindar la infraestructura social que precisan las mujeres que tienen familia a la que cuidar, pero también trabajos donde prosperar.

Los hombres deben involucrarse activamente, sentir que esa también es su responsabilidad, romper estereotipos que los alejan de las labores domésticas, compartir el peso para que sea leve para todos y evitar que más mujeres sigan siendo condenadas y excluidas por estar pegadas a la realización de tareas no remuneradas, combinadas con trabajos mal valorados.

Más sensibilidad, más apoyos, más protección para la inmensa mayoría de mujeres trabajadoras que sufren día a día la metáfora del suelo pegajoso. Ayudemos cada quien desde donde pueda, a que venzan esa inercia.

Susana Reina

Susana Reina es Psicóloga y Feminista venezolana. Directora Fundadora de Feminismoinc y Presidenta de la Alianza Venezolana Empresarial por el Liderazgo de las Mujeres (AVEM). Vicepresidenta de Desarrollo Corporativo del Grupo Multinacional de Seguros. Socia fundadora de FemData México.

Master en Gerencia de Empresas y Mercadeo. Especialista en Políticas Públicas con enfoque de género. Coach Ontológico Empresarial.

Columnista de Efecto Cocuyo.

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