Percepción de la vejez en los diferentes estadios vitales

Opinión, Roser Rovira, Voces Visionarias | 0 Comentarios

Percepción de los bebés

A lo largo de los años, estoy observando algunos estándares que me preocupan. Los niños juegan con niños, los jóvenes disfrutan con otros jóvenes, los adultos se interrelacionan con adultos. Hemos aprendido e interiorizado que el grupo en el que estamos mejor es con grupos de edad parecida. Pero en mi trabajo de intérprete en el Boston Children’s Hospital, aprendí a hablar con niños, con mamás jovencitas, con abuelas maduras. Y me gustaba. Me gustaba observar cómo las personas ven las cosas de formas diferentes, en función de su experiencia.

Los bebés desconocen las clasificaciones y definiciones que hemos insertado en nuestro mundo. Desconocen cualquier clasificación donde los humanos hayamos querido meternos, ya sea por raza, por sexo, o por edad. Ser un bebé es empezar de cero. Aprenden mientras hacen, mientras viven, y emplean sus sentidos para descubrir el mundo que les rodea. Al no tener ningún tipo de preconcepción formada, no tienen los sesgos societarios que podrían encaminarlos a estereotipar negativamente a un determinado grupo de personas.

Los primeros meses de vida es una época de extraordinario descubrimiento. Los niños, a través de sus sentidos, van definiendo el pequeño espacio que tienen a su alrededor. El mundo se condensa en su universo más inmediato. Si tienen cerca una persona o un objeto, los bebés intentarán acercarse de una u otra forma a ellos. Si una persona u objeto están lejos, y lejos significa de dos metros hasta el infinito, los bebés ya no intentarán interactuar con ellos. El mundo que se les presenta delante es tan nuevo, tan maravilloso y complejo, que su trabajo tienen para descubrir, de momento, sus inmediaciones.

Así pues, utilizarán el sentido del olfato, del tacto, del oído, del gusto y de la vista para familiarizarse con todos los estímulos que reciben de su entorno.

El sentido del olfato es uno de los más desarrollados en los bebés. Reconocen a las personas por los olores, sobre todo a su madre y las personas más cercanas a él. Y es que ya desde el período de gestación el bebé comienza a desarrollar el sentido del olfato. Cuando ha nacido, su olfato es primordial para saber que su madre, a la que buscará tanto a nivel alimenticio como sentimental, está cerca. Los demás familiares cercanos, como padres y abuelos, serán reconocidos también a través del olfato, que usará para situarlos cerca. El olor, el aroma que emanan las personas, será primordial para descubrirlos dentro de su entorno.

A través del tacto, los bebés aprenden a descubrir lo que tienen a su alcance. Un muñeco de peluche, una toalla, un juguete de plástico. Y también las manos y las caras de la gente que se les acerca. Que los cuida. Que los mima. Con su pequeña mano gordita, cogerán el dedo de la mano de la madre y lo apretarán con fuerza, para evitar que se les escape. Con su mano pequeñita, acariciarán las mejillas de la abuela, que se les acerca, haciéndoles carantoñas. Con su mano diminuta, cogerán los pelos del brazo del padre, o el jersey de la madre, o la oreja del abuelo. En cada caso, descubrirán distintas texturas. Carne suave, tierna, poco elástica, con nervios azules o totalmente tersa.

A través del oído, los recién nacidos tomarán conciencia del mundo más allá de su nariz. Escucharán sonidos cercanos y sonidos más lejanos. Con el oído llegarán donde el tacto no llega. Y empezarán a discernir entre sonidos agudos o graves, o más agudos o más graves, sin tomar conciencia de ningún tipo de clasificación, buena o mala. Para cualquier bebé, el sonido más fantástico es el de la madre, o el padre, o el abuelo o la abuela, cuando les arrulla y les canta una canción de cuna.

“Arrorró mi niño, arrorró mi sol,
arrorró pedazo de mi corazón.
Este niño lindo se quiere dormir
y el pícaro sueño no quiere venir.

Esta canción de cuna, y cualquiera que pueda ser escuchada por un bebé, será el sonido más importante, tranquilo y relajante que escuchará en los primeros meses de su vida. Le dará igual que la voz que la cante sea aguda, o grave. Fina o delicada. Será la voz que le acompañará en sus inicios de sueño, en su tranquilidad, en su mundo pequeño y claro y seguro. Si quien le canta la canción es una persona mayor o una de joven, le es indiferente. El valor llegará de la calidez con la que se impregne la canción, el tono, la cadencia, la musicalidad. Pero el niño o la niña no evaluará si todas estas características son buenas. Sólo sabrá que quien le canta la canción, sea con buena voz o desafianando, es la persona que lo cuida. Y lo ama. Y lo quiere.

El gusto es el otro sentido que los bebés utilizan para analizar el mundo que les rodea. Cualquier cosa que tengan a su alcance, pasará el control de calidad de la boca. ¿Una pieza de plástico de color rojo? ¡A la boca! ¿Una manta pequeña para acariciar? ¡A la boca! ¿Una mejilla de la abuela? ¡A la boca! ¿La nariz del padre? ¡A la boca! Y de esta forma, aparte de los alimentos que le ayudan a crecer, el bebé nota el mundo también a través de unas papilas gustativas que se van desarrollando. Y los objetos o partes del cuerpo de los cuidadores se convierten en piezas que sirven para ser catadas, descubiertas. Probadas.

El sentido de la vista se va desarrollando en los primeros meses de vida. Durante las primeras semanas, los bebés son muy sensibles a la intensa luz. Pueden ver a través de la visión periférica, pero la central sigue en desarrollo. Aproximadamente a las dos semanas de vida, ya pueden discernir entre claro y oscuro. Les atraen especialmente las formas grandes y los colores brillantes, y pueden enfocar objetos situados frente a ellos, que son los que más captan su atención. Con dos meses de vida, los bebés pueden seguir un objeto con la mirada y a los cinco pueden empezar a determinar a qué distancia están situados los objetos, y tienen un buen conocimiento de los diferentes colores. Es en esta edad cuando pueden reconocer al padre, la madre, la abuela, el abuelo u otra persona conocida que esté en la otra punta de la habitación. Así pues, el bebé, a través de la vista, puede discernir entre una cara u otra que tenga cerca. Y sonreír cuando reconozca esa cara que le es muy familiar.

Puede concluirse, pues, que la percepción de la vejez en los bebés es inexistente. Ellos descubren a través del olor, la vista, el tacto, el oído y el gusto todo el mundo que les rodea. El olor de la madre, la voz del abuelo, la piel del padre, la cara de la abuela, formarán una amalgama agradable donde se mezclarán todas las sensaciones captadas a través de los sentidos. Los niños y niñas separarán a las personas individuales, pero no las pondrán dentro de grupos, porque todavía no están socializados, educados, entrenados para las clasificaciones que la sociedad les impondrá en un futuro cercano.

Roser Rovira

Me licencié en Química y he trabajado muchos años en Prevención de Riesgos Laborales. A los cuarenta años, cuando ya pensaba que lo tenía todo hecho, salí de mi zona de confort. Viviendo en Polonia realicé una web para escuchar cuentos en once idiomas, y en Massachusetts he trabajado de maestra, de intérprete en hospitales, de traductora para distritos escolares, y de creadora de contenido para un centro de niños con altas capacidades. Con cincuenta años, acabo de empezar un trabajo de asistente en un centro de investigación sobre el Alzheimer. Sé que puedo reinventarme, y acepto los retos que tengo por delante.

En mi tiempo libre, escribo. Mucho. Novelas, cuentos, relatos. Soy voluntaria en una web donde publican cuentos sobre niños enfermos, valientes y fuertes, que quieren contar su historia al mundo. Y escribo sobre la gente mayor. Sobre los viejos. Me encanta hablar con ellos, observarlos y escribir pequeñas historias o grandes cuentos sobre sus aventuras. Anna Editorial es mi proyecto para publicar libros, cuentos, audiolibros, cómics…. sobre gente mayor. Quiero luchar contra la discriminación por edad, el edadismo, a través de la literatura, para así empezar a eliminar los prejuicios erróneos que pesan sobre los mayores. Mis abuelas me enseñaron fortaleza y dulzura, y yo pretendo contar al mundo que el envejecimiento es vida, y que la vejez es un estadio más de la vida. ¿Te apuntas?

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