Las brujas de OZ: La dualidad femenina que redefine el liderazgo

«La literatura, como la vida, avanza cuando nos atrevemos a mirar y narrar a las mujeres tal como son: reales, humanas, profundas. No personajes prediseñados, sino seres en movimiento. Mujeres que cambian, que dudan, que se transforman, que se atreven a recuperar la profundidad que durante tanto tiempo les fue negada.

Cuando L. Frank Baum publicó The Wonderful Wizard of Oz en 1900, lo hizo en un mundo que aún veía a las mujeres a través de lentes muy estrechos, y aun así logró crear un universo que cautivaría a generaciones. En él, la joven Dorothy Gale —la niña valiente de Kansas que viaja a una tierra mágica— encarnaba una valentía luminosa: lejos de ser una princesa pasiva, avanzaba con determinación, buscaba respuestas, resolvía problemas y enfrentaba la adversidad sin perder su bondad.

Para los estándares de su tiempo, Dorothy era ya un símbolo adelantado a su época. Era independiente, curiosa y capaz de liderar su propio camino. Dorothy rompía moldes: no esperaba ser rescatada, sino que rescataba; no obedecía sin pensar, sino que preguntaba; no era una figura decorativa, sino una niña activa que avanzaba, decidía y resolvía.

Y, sin embargo, pese a su carácter revolucionario para la literatura infantil del momento, seguía inscrita dentro de los arquetipos femeninos de entonces: la inocencia que inspira, la pureza que guía, la heroína que aprende sin quebrarse. Dorothy era luminosa, admirable… pero todavía contenida por los límites culturales y narrativos de su tiempo.

Pero un siglo después, algo cambió.

De Dorothy a Wicked: cuando las mujeres recuperan su profundidad

Frank Baum para 1900, retrató un universo donde los personajes femeninos, aunque más activos y valientes que en otros cuentos de la época, seguían inscritos dentro de arquetipos claros. Dorothy, por ejemplo, aún estaba contenida por los límites culturales de su tiempo. Era una niña admirable, sí, pero todavía diseñada para encajar en una narrativa donde la virtud femenina se expresaba a través de la pureza, la gentileza y la luz.

Si Dorothy abrió el camino con su valentía luminosa, Wicked llevó esa misma historia a una nueva profundidad emocional. Publicado en 1995 por Gregory Maguire, el libro reimaginó el universo de Baum desde una mirada adulta y crítica, ofreciendo una lectura más rica y más humana de sus personajes femeninos. Años después, el musical de Broadway —con libreto de Winnie Holzman y música y letras de Stephen Schwartz— convirtió esa reinterpretación en un fenómeno cultural, y la reciente adaptación cinematográfica dirigida por Jon M. Chu la llevó a cautivar a nuevas generaciones.

Wicked tomó el universo de Baum y lo reescribió desde la sensibilidad del siglo XXI, iluminando una verdad que la tradición literaria rara vez mostraba: las mujeres no son personajes planos, sino seres profundamente complejos.

Con Glinda y Elphaba, la historia ya no necesitaba de una heroína “buena” y una villana “mala”. Lo que aparece en su lugar es una dupla que refleja la esencia de la experiencia femenina moderna: el deseo de armonía y la necesidad de autenticidad, la diplomacia que conecta y la valentía que confronta, la luz exterior que inspira y la verdad interior que transforma. Mujeres con fortalezas y contradicciones, con heridas y convicciones, con la capacidad de cuestionar, resistir y reinventarse. No son arquetipos estáticos: son mujeres completas.

La luz social de Glinda: de bruja “buena” a mujer real

En la obra original, Glinda es la Bruja Buena: radiante, perfecta, moralmente impecable. Baum la dibuja como un estandarte de bondad, casi sin fisuras.

Pero Wicked rompe esa imagen y la convierte en una mujer real: alguien que quiere pertenecer, que teme decepcionar, que siente el peso de las expectativas. Una líder carismática, sí, pero también vulnerable ante la opinión pública y atrapada entre lo que siente y lo que el mundo espera de ella. Su mayor transformación ocurre cuando comprende que la luz exterior no basta. Que agradar no es sinónimo de avanzar. Que una mujer no puede vivir solo desde las formas; necesita un propósito interno que la sostenga.

Glinda evoluciona de ser la mujer perfecta del cuento clásico a ser una mujer que aprende a elegir su verdad, incluso si eso significa dejar de ser perfecta.

La fuerza profunda de Elphaba: la mujer que Baum nunca escribió

Si Baum concibió a la Bruja Mala del Oeste como un símbolo del mal, Wicked la rescata del estereotipo y la convierte en una figura profundamente humana. Elphaba ya no es la villana: es la mujer que se atreve a cuestionar sistemas injustos, aunque eso la convierta en blanco de miedo y rechazo.

Elphaba no encaja con los moldes del “cuento correcto”: es crítica, intensa, ética, a veces confrontativa. Representa la voz femenina que históricamente fue silenciada porque decía lo que otros no querían escuchar.

Su evolución en Wicked es un viaje doloroso y hermoso: descubre que defender lo justo no basta para ser comprendida, y que la verdad puede aislar, pero también puede liberar. Aprende que ser fuerte no significa estar sola, y que abrir espacio para la conexión humana también es un acto de coraje.

Elphaba personifica la mujer que siempre existió, pero que la literatura antigua no supo contar.

La metamorfosis de lo femenino

La trilogía simbólica es poderosa:

  • Dorothy representó la inocencia valiente.
  • Glinda, la conexión social y el deseo de armonía.
  • Elphaba, la integridad disruptiva que desafía el sistema.

Juntas muestran la evolución histórica del personaje femenino:
de heroína luminosa y pura, a mujer compleja que navega tensiones internas y externas con conciencia.

Si Dorothy fue el inicio del camino amarillo, Glinda y Elphaba son quienes se atreven a preguntar quién lo construyó, por qué, y hacia dónde debería realmente conducir.

El liderazgo femenino visto desde Oz

Lo que Baum no pudo —o no quiso— mostrar, Wicked lo revela con claridad: el liderazgo femenino es diverso, profundo, contradictorio, plural.

Glinda lidera desde la empatía, la diplomacia, la influencia suave.
Elphaba lidera desde la convicción, la verdad y la valentía incómoda.
Dorothy lideraba con ingenuidad luminosa, sin cuestionar demasiado el mundo.

Pero las mujeres de hoy se parecen más a Glinda y a Elphaba que a Dorothy. Porque vivimos en un mundo que exige:

  • claridad y sensibilidad,
  • firmeza y compasión,
  • carisma y convicción,
  • conexión y autenticidad.

El liderazgo femenino ya no cabe en una sola narrativa.
Ha dejado de ser lineal para convertirse en un espectro amplio y poderoso de posibilidades.

La evolución de lo femenino a través de Oz

Dorothy abrió la puerta.

Glinda iluminó el camino.
Elphaba nos enseñó a cuestionarlo.

Lo que comenzó con Dorothy como un destello de valentía infantil —luminoso, noble, pero aún limitado por la mirada de su época— terminó convirtiéndose, un siglo después, en una exploración profunda de lo femenino a través de Glinda y Elphaba. Oz dejó de ser un escenario de arquetipos simples para transformarse en un territorio donde las mujeres podían desplegar todas sus capas, incluso aquellas que la literatura clásica había preferido mantener en silencio.

En la suavidad diplomática de Glinda y en la valentía ética de Elphaba encontramos algo más que dos personajes: encontramos un espejo de nuestra propia historia. En ellas conviven la luz exterior y la verdad interior, la necesidad de pertenecer y la necesidad de ser auténticas. Son fuerzas que habitan en cada mujer y que han ido emergiendo a medida que la cultura ha aprendido —al fin— a mirar más allá de las apariencias.

Mientras Dorothy avanzaba por el camino amarillo impulsada por su bondad y su curiosidad, Glinda y Elphaba lo hacen desde un territorio más complejo: la conciencia de sí mismas. Una construye puentes; la otra cuestiona sistemas. Una suaviza; la otra sacude. Pero ninguna está completa sin la otra, del mismo modo en que ninguna mujer es una sola cosa, una sola versión, una sola voz.

La auténtica evolución de lo femenino en Oz —y quizá también en nuestra sociedad— consiste en reconocer que no existe una única manera de ser mujer. Que la armonía y la firmeza, la ternura y el coraje, la diplomacia y la convicción no son opuestos, sino dimensiones complementarias de una misma identidad. Lo femenino deja de ser un molde y se convierte en una constelación.

Y juntas —aunque no coincidan en un mismo escenario— Dorothy, Glinda y Elphaba representan esa evolución: mujeres que no necesitan encajar en moldes antiguos, que lideran desde su historia y no desde su etiqueta, que se permiten ser varias cosas a la vez.

La verdadera magia de Wicked —vista desde mis propios ojos— es que me recuerda que ya no existen aquellas heroínas planas que muchos cuentos nos enseñaron de niños. Hoy veo una verdad extraordinaria, con más claridad que nunca, y es que existen mujeres completas: luz y sombra, diplomacia y verdad, armonía y fuerza. Y al reconocer esa complejidad —esa riqueza que siempre estuvo allí— no solo cambia la forma en que entendemos las historias; también cambia la forma en que entendemos el mundo.

La literatura, como la vida, avanza cuando nos atrevemos a mirar y narrar a las mujeres tal como son: reales, humanas, profundas. No personajes prediseñados, sino seres en movimiento. Mujeres que cambian, que dudan, que se transforman, que se atreven a recuperar la profundidad que durante tanto tiempo les fue negada.

Y es allí, entre Kansas, Oz y Wicked, donde descubro que lo femenino no se encierra ni se reduce: se amplía, se expande y se escribe en múltiples dimensiones. 

Comprenderlo, celebrarlo y honrarlo también es parte de nuestro propio crecimiento.

Luis Vicente García es coach de rendimiento empresarial, conferencista internacional y autor de más de 15 libros best-sellers internacionales, colaborando con reconocidos expertos como Brian Tracy, Marshall Goldsmith, Jack Canfield y Joe Vitale, entre otros. Además, ha escrito dos libros sobre franquicias y emprendimiento y es un reconocido formador en liderazgo, productividad y estrategia empresarial.

Economista graduado de Georgetown University, cuenta con un MBA y especializaciones en Gerencia, Finanzas, Liderazgo Organizacional y Psicología Positiva. Es profesor universitario desde 2014, dictando clases de gerencia y liderazgo en la Universidad Metropolitana (UNIMET) y como profesor invitado en la UCAB y la Universidad Rafael Urdaneta.

Fue Presidente de la Junta Directiva de Profranquicias (2017-2019), CEO de Venamcham (2017-2024) y ha sido jurado de los Premios LEI otorgados por EY a los Líderes Empresariales Inspiradores durante los últimos cinco años. Actualmente, es fundador y CEO de Incrementum Academy, una plataforma de formación y coaching empresarial, donde desarrolla programas para potenciar el liderazgo, la productividad y el crecimiento estratégico de profesionales y empresas.

Creador del concepto #MOTITUD (Motivación + Actitud), es articulista en Visionarias Magazine, Analitica.com y PasionPais.com, abordando temas de liderazgo, emprendimiento y empoderamiento femenino; y fue por casi 8 años el Editor-en-Jefe de la revista Business Venezuela. Hoy es Embajador de Buena Voluntad de Goodwill Venezuela y de la Orquesta Sinfonica Gran Mariscal de Ayacucho.

Web: www.incrementumacademy.com

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