María Alejandra Mancebo: «Para poder ostentar el poder no tienes que esperar a tenerlo, sino prepararte diariamente como ser humano»

Hay mujeres que conocemos cuando todavía están buscando respuestas. Mujeres que llegan a nuestra vida atravesadas por preguntas, por la necesidad de entender, por el deseo de encontrar, de encontrarse, de enterrar un pasado doloroso. Mujeres que van despojándose de vestiduras, como esa oruga que va recuperando sus colores, su belleza, su movimiento hasta que ya transformada en mariposa, emprende vuelo y se impregna de todo aquello que la envuelve, con otros ojos, con otra piel.

Eso es, para mí, María Alejandra Mancebo.

Tengo la ventaja de conocerla desde hace algunos años. De haber leído sus primeras palabras en Visionarias, cuando todavía estaban llenas de preguntas, de dolor y de esa necesidad de comprender que tantas veces acompaña a las injusticias que nos atraviesan. He visto cómo ha ido hilando sus pensamientos, buscando respuestas en el Derecho, en el compliance,  en la historia y, sobre todo, en sus escritos y en las mujeres.

Porque María Alejandra tiene una manera muy particular de mirar a las mujeres que la historia nos ha dejado. Mujeres que fueron invisibilizadas, despojadas de sus nombres, calumniadas o simplemente apartadas del relato oficial. Porque para María Alejandra rescatar esas historias no es un ejercicio de nostalgia. Es una forma de comprender de dónde venimos y de encontrar herramientas para ocupar los espacios que todavía hoy se nos resisten.

Es abogada, especialista en compliance y gestión de riesgos y defensora de los derechos de las mujeres. Ha construido una trayectoria vinculada a la justicia, al cumplimiento normativo y a la gestión de riesgos, tanto en el sector público como en el privado, en Venezuela.

Pero hay otra manera de acercarse a su trayectoria: a través de los libros que ha escrito.

En Liderazgo con corazón. El poder femenino en el Compliance, María Alejandra reúne historias de mujeres que han transformado su vida y su manera de entender el mundo. Mujeres conocidas y anónimas. Malala Yousafzai, Rosa Parks, Marie Curie, Ruth Bader Ginsburg, Donna Brazile, Ingeborg Maus y tantas otras aparecen en sus páginas como referentes, como maestras y, en muchos casos, como una invitación a mirar de otra manera aquello que damos por establecido.

A través de ellas plantea algo que trasciende al propio compliance: que cumplir las normas no siempre basta. Que también hay que preguntarse por qué fueron creadas, a quién protegen, a quién dejan fuera y qué podemos hacer para que la justicia y la igualdad formen parte de las organizaciones.

Y ahí aparece una de las ideas que más me gustan de María Alejandra: el liderazgo con corazón. Un liderazgo que no entiende la sensibilidad como una debilidad, sino como una forma distinta de ejercer el poder.

«Cuando hablo de liderazgo con corazón, hablo de un liderazgo que, desde mi postura, en este siglo XXI, en esta época posmoderna, apunta a no tener género. Ese género, como constructo sociocultural, nos hace asumir determinados roles, nos debilita o nos hace ser lo que realmente no somos. Por eso creo que el corazón puede ayudar a desarticular y deconstruir ese modelo..»

Hace poco publicó su segundo libro: Coronas, códigos y compliance. Historias de 10 soberanas que desafiaron el poder, y vuelve a hacer algo que le apasiona: mirar hacia atrás para encontrar respuestas en mujeres que decidieron, gobernaron, resistieron y sobrevivieron en contextos que no estaban hechos para ellas.

Catalina de Médici, Isabel I de Inglaterra, Catalina la Grande, Manuela Sáenz, Leonor de Aquitania, María Teresa de Austria, Hatshepsut, Wu Zetian, Victoria I del Reino Unido y Juana de Arco protagonizan un recorrido en el que la historia se encuentra con el compliance.

Y confieso que, mientras leía el libro, no podía dejar de imaginar a María Alejandra haciendo precisamente aquello que mejor sabe hacer: escudriñar. Como si estuviera detrás de una ventana, observando cada movimiento de estas mujeres, tratando de descubrir qué hicieron, por qué lo hicieron, qué amenazas tuvieron que enfrentar y qué habilidades les permitieron sobrevivir y ejercer el poder.

Porque esa es una de las cosas que hace fascinante este libro. María Alejandra consigue llevarnos desde normas que pueden parecer frías y alejadas de nuestras vidas hasta mujeres que tuvieron que utilizarlas —o enfrentarse a ellas— para proteger un reino, gobernar un Estado o simplemente sobrevivir.

En ambos hay mujeres. Hay historia. Hay justicia. Hay poder. Hay liderazgo. Hay preguntas sobre las normas y sobre quién las escribe. Pero, sobre todo, hay una convicción: que las historias de otras mujeres pueden ayudarnos a comprendernos, a cuestionarnos y a encontrar nuevas maneras de ejercer nuestra propia autoridad.

Con María Alejandra hablamos de Compliance, de justicia, de poder y de historia. De las mujeres que gobernaron cuando casi nadie estaba dispuesto a reconocerles ese lugar. Del liderazgo y de la sensibilidad. De las normas que cumplimos y de las que también debemos atrevernos a cuestionar.

Y hablamos, como no podía ser de otra manera, de mujeres.

El compliance como latido ético

Visionarias: En una ocasión, definiste al compliance como el latido ético de una organización. ¿Qué significa para ti esa expresión?

María Alejandra Mancebo: Ese latido ético significa para mí el compliance en la propia esencia de una organización. Muchas veces, cuando hablamos de compliance o hablamos del contexto propio de cumplimiento normativo y regulatorio, pensamos en algo rígido, algo frío, y que incluso las personas que lo gerencian o lo regentan son personas muy sobrias, con quienes sencillamente no se puede hablar.

Dentro de mi experiencia con el cumplimiento, me he dado cuenta de que las organizaciones, así como los seres humanos, son organismos vivos, porque es el ser humano quien las rodea, quien les da vida y quien las desarrolla. Y son las decisiones de ese ser humano, de ese colaborador que forma parte de ella, las que hacen que una empresa sea sostenible o no.

Cuando hablo de que el compliance es ese latido ético, es el recordatorio de que, más allá de estar vivo en el sistema económico, más allá de estar visible dentro del contexto de una marca, se trata de saber que estamos vivos con una esencia que nos permita mirar hacia el futuro y ser sostenibles.

 

 

El poder enferma

Visionarias: En tu trayectoria has estado inmersa en ámbitos relacionados con la justicia, has estado muy en contacto con casos de corrupción, de delitos financieros, de legitimación de capitales y de gestión de riesgos. Estando de un lado y del otro, tanto en lo público como en lo privado, ¿qué has aprendido sobre el poder y sobre las organizaciones?

María Alejandra: A través de las experiencias que he vivido tanto en la gerencia pública como en la privada, tanto en el rol de gerente como en el rol de usuario o de víctima, he entendido que el poder se manifiesta de dos maneras significativas que luego van a traer muchas vertientes, y una es que el poder enferma.

Cuando hablamos de que el poder enferma, significa que, si la persona que tiene el poder no tiene valores, no tiene principios, pues sencillamente lo que pueda hacer con el poder puede ser, y así lo ha demostrado la historia, algo muy malo o algo muy bueno: va a ser una decisión.

Para poder ostentar el poder no tienes que esperar a tenerlo, sino que tú te tienes que preparar diariamente como ser humano. Escuché una vez decir que una persona no puede ser buen profesional si no es buen ser humano. Y es cierto: tú no puedes ser una buena mamá si no eres un buen ser humano, no puedes ser una buena amiga si no eres un buen ser humano; uno es uno, en una sola esencia.

Ese poder que corrompe, ese poder que te hace creer que sí, que realmente puedes, así como la inteligencia artificial que de alguna manera se vuelve loca y te dice todo lo que tú quieres escuchar, pues el poder en algún momento te puede hacer sentir capaz de hacer lo que sea, y se te olvida el antes, el ahora y el después. Pero eso lo va a vivir cualquier persona dentro de esa golosina que es el poder; quien te lo va a limitar o te lo va a desarrollar van a ser tus propios principios y valores, y con quién te acompañas.

Entonces, la historia nos ha demostrado que el poder no ha sido ajeno al ser humano y tampoco ajeno a las épocas.

En los actuales momentos hablar del poder dentro del concepto de enfermedad tiene que ver también mucho con la concepción que tenemos nosotros del ser humano.

La soledad del cansancio

Yo siempre he manifestado, y de alguna otra manera lo he escrito, que me apego mucho a lo que establece el escritor y filósofo coreano Byung-Chul Han, porque encontré en él algo que yo trataba de explicar y que él, de alguna otra manera, ya tiene definido en su libro La sociedad del cansancio.

Estamos tan cansados de ser seres humanos que muchas veces nos olvidamos de esa esencia. Y eso es lo que realmente me preocupa y por eso, en los actuales momentos, escribo desde esa visión. Porque tú puedes conocer mucho, puedes tener mucho poder, pero ¿en qué momento nosotros nos desdibujamos como seres humanos?

Y eso me permite plantear el segundo aspecto que tiene el poder, que he vivido tanto en lo público como en lo privado: realmente, las organizaciones se enferman como los seres humanos. Así como a un ser humano le da gripe, a las organizaciones también les da gripe.

El problema es que las enfermedades que sufre una organización, pública o privada, tienden a tener un contagio colectivo, por cuanto es mucho más difícil cuando llegan a propagarse como una epidemia.

Las organizaciones muchas veces se preocupan en tener una estructura de cáscara, donde tienen una marca, un nombre, donde aparecen en Instagram, donde aparecen en LinkedIn y se muestran como si tuvieran algún tipo de actuación. Pero cuando tú estás dentro, encuentras ese dentro que no te permite sentir, ese dentro donde tienes miedo, donde no puedes crecer, donde tenemos específicamente una lealtad condicionada o confundida.

Creemos que lo que nos diga el jefe lo tenemos que hacer, sea bueno o malo. “Yo no pienso porque me lo mandó”. No tengo criterio. Yo lo llamo una lealtad mal entendida.

Eso es lo que me ha acercado a poder vislumbrar que el poder tiene que ver directamente con ese acercamiento, y ese acercamiento de lealtad muchas veces nos hace cometer hechos punibles, nos hace estar insertos en delitos de corrupción o delitos transnacionales como el lavado de activos, sin quererlo. Incluso involucramos a la empresa.

Entonces, yo siempre digo: qué fácil es cuando un colaborador se pone un uniforme, se pone un eslogan, pero qué difícil es que realmente lo sienta en su comportamiento, que sepa exactamente actuar y que sepa decir con verdadera cobertura.

Esos son los dos pilares fundamentales que he visualizado del poder y que, definitivamente, tienen que ver con todo.

Liderazgo con corazón: una ética del cuidado

Visionarias: En Liderazgo con corazón. El poder femenino en el Compliance planteas una manera de ejercer el liderazgo que no renuncia a la empatía, la escucha o la sensibilidad. Pero una mujer que trabaja en Compliance puede tener que advertir de un riesgo o decir que no a personas que ocupan posiciones de mayor poder dentro de la organización. ¿Cómo puede ejercer autoridad sin sentir que tiene que renunciar a esa manera de liderar? ¿O liderar sin prejuicios desde un liderazgo con corazón, un tipo de liderazgo que además en el libro exhortas a que los hombres lideren de esa manera?

María Alejandra Mancebo: Quiero partir de lo último. En el libro lo recalqué: aun cuando yo soy feminista y creo en la igualdad, creo que cada uno de los seres humanos tenemos una posición muy importante en la sociedad, tanto los hombres como las mujeres.

Desde mi posición feminista, decido hablar de las mujeres no solo bajo la concepción de todo lo que se nos ha violado o todo lo que hemos sufrido, sino de todo lo que somos capaces de ser. No quiero que se nos mire como personas a las que, por lástima, les van a dar algo. No es por mérito, es por lo que significamos, porque somos tan importantes como los hombres y, por supuesto, formamos parte de esta sociedad.

Cuando hablo de liderazgo con corazón, hablo de un liderazgo que, desde mi postura, en este siglo XXI, en esta época posmoderna, apunta a no tener género. Ese género, como constructo sociocultural, nos hace asumir determinados roles, nos debilita o nos hace ser lo que realmente no somos. Por eso creo que el corazón puede ayudar a desarticular y deconstruir ese modelo.

Lo llamo liderazgo con corazón porque parte de algo que tenemos todos los seres humanos, aunque la mujer, dentro de su propia condición biológica, tiene determinadas capacidades: la capacidad de procrear, de dar alimento desde su propio cuerpo, de cerrar un ciclo productivo con la menopausia, experiencias que también pueden hacer que veamos la vida de una manera diferente.

Pero no se trata de que la mujer sea más o menos. Se trata de reconocer esa condición y de aprender a aceptarla, porque muchas veces la sociedad patriarcal o el contexto machista nos obliga a disfrazarnos o a no aceptarnos como somos. Por eso siempre trato de mirar la historia: para que me oriente, me refresque y, al mismo tiempo, me sirva de aliento para indicar que sí se puede, para imitar y para construir.

Ese liderazgo con corazón se resume en lo que yo llamo la ética del cuidado. Cuando hablo de ética del cuidado, hablo de esa concepción propia del corazón del género femenino o masculino, pero que tiene que ver innatamente con esa concepción de cuidar.

Una vez mi papá —hace muchísimo tiempo que en paz descanse y que también siempre está presente en mi libro— me dijo algo que nunca se me ha olvidado y con lo que durante mucho tiempo no estuve de acuerdo: “Quien más te quiere te hace llorar”. Y yo decía: “Bueno, eso no tiene lógica, que realmente alguien que te quiere te haga llorar”.

Cuando hablo de esa figura de quien te quiere te hace llorar, no me refiero a un golpe ni a hacerte sufrir, sino a ser capaz de mirarte y decirte: “Marita, no es así”, sin que eso comprometa nuestra amistad o el nivel de jerarquía que pudiéramos tener.

Eso también es liderazgo con corazón: ser quien soy sin transformarme en esa mujer musculosa, en esa mujer a la que le da pena decir que tiene hijos o que renuncia a su familia para no asistir a los actos de sus hijos, o que tiene dificultades para vestirse porque cree que la van a tachar como otro tipo de mujer.

Es el reconocimiento de la autenticidad, de la empatía y de la compasión. Es sencillamente hacer lo que tengo que hacer, mirar a la otra persona sin dejar de hacer lo que tengo que hacer. Y eso tiene que ver mucho con la escucha.

«Mujeres que inspiran permiten ser farol en el mundo del Compliance, ya que sin duda las mujeres enfrentamos desafíos específicos. A menudo, somos subrepresentadas en los puestos de liderazgo y en las áreas técnicas. A veces, nuestras ideas son ignoradas o atribuidas a nuestros colegas masculinos. Y a veces, somos juzgadas con más dureza que los hombres cuando cometemos errores. Pero, a pesar de estos desafíos, las mujeres hemos logrado grandes avances en el campo del Compliance. Hemos demostrado que somos capaces de liderar equipos, de diseñar programas efectivos y de tomar decisiones difíciles. Hemos aportado una perspectiva única y valiosa a la lucha contra la corrupción y el fraude.».

Del libro Liderazgo con corazón: El poder femenino en el Compliance

La escucha tiene que ver directamente con el liderazgo con corazón: aceptar quién eres, estar al lado de la otra persona, pero también corregirla. Ese cuidado, esa escucha, esa empatía es lo que significa formalmente el liderazgo con corazón. Tiene que ver con un poder femenino desde el área biológica, pero no desde el constructo sociocultural, porque no debe tener género.

Incluso he conocido, en la gerencia privada, muchos hombres que tienen más liderazgo con corazón que nosotras como mujeres. Es impresionante pensar que siempre damos por hecho que el hombre, per se, por el sexo, es machista. Pero cuando visualizas sus acciones con sus hijos o cómo hablan con sus empleados, te das cuenta de que algunos asumen una postura de liderazgo con corazón mucho mejor que nosotras, que tratamos siempre de disfrazarnos.

Y eso no quiere decir que las mujeres estemos enfermas. Es una victimización continua que nos obliga a vernos más víctimas de lo que somos. Nosotros realmente somos, o fuimos en algún momento, o podemos ser en otros momentos, víctimas, pero también somos luchadoras. Somos seres humanos que estamos aquí porque el otro sector de la población también sufre y también es víctima. No solamente las mujeres.

A eso me refiero con el liderazgo con corazón. 

Coronas, Códigos y Compliance: Diez mujeres que gobernaron antes que nosotras

Visionarias: Hablemos de Coronas, Códigos y Compliance. El punto de partida me parece fascinante: mirar a mujeres que gobernaron hace siglos y establecer un diálogo entre sus decisiones y principios que hoy relacionamos con el Compliance, la gobernanza y la gestión de riesgos. ¿De dónde surge esta idea y cómo fue el proceso de investigación? Me interesa especialmente cómo construiste ese puente entre las decisiones de aquellas mujeres —que muchas veces tuvieron que asumir riesgos enormes para defender su poder, su territorio o sus convicciones— y los conceptos que hoy asociamos a la gestión, la gobernanza y el cumplimiento.

María Alejandra: Fíjate que el libro me llevó mucho tiempo, no necesariamente escribirlo, pero sí pensarlo e idearlo. Para mí siempre ha sido importante, cuando uno está dentro de una organización, hablar y resaltar al ser humano que gerencia, porque realmente necesita ser compasivo para poder alimentar esa gestión.

Además, estando en un cargo como el de oficial de cumplimiento, que muchas veces es rígido y malinterpretado, sentía que necesitaba determinados atributos: tener algo de Pepe Grillo, ese olfato de la mamá, esa intuición, y también la fortaleza del papá que requiere actuar.

Soy fanática de la historia. Todo lo que leo trato de buscarle un antecedente, porque siempre hay un antecedente en la historia, en la vida de cualquiera de nosotros. Y las mujeres, para mí, siempre han sido referentes. La historia me inspira y yo parto del criterio de que, para poder actuar, escribir y vivir, uno siempre tiene que estar inspirado por algún tipo de vocación.

Cuando comencé a buscar el origen propio del Compliance, me di cuenta de que pocos libros saben explicar realmente cuándo nació. Se suele presentar como algo relativamente nuevo, vinculado al reconocimiento moderno de la necesidad de que las empresas también sean éticas. Y yo me pregunté: si estamos hablando de algo que tiene que ver con actuar correctamente, con cuidar y con responder a determinadas normas y principios, ¿cómo puede haber nacido solamente en una época moderna o posmoderna?

Entonces pensé que qué mejor manera de comprender la rigidez, la convicción y la responsabilidad que uno debe tener para actuar que hacerlo a través de la historia.

Escogí a diez mujeres que no necesariamente fueron reinas, pero que para mí fueron reinas en lo que hicieron. No las elegí por pertenecer a una misma época histórica, sino por los valores y atributos que representan y que, desde mi perspectiva, también debe tener quien gerencia y quien trabaja en Compliance.

La pregunta era cómo darle vida a esas normas tan estandarizadas, como las normas ISO o COSO, que permiten hablar un mismo lenguaje en distintos países. La mejor forma, para mí, fue la historia. Y por eso decidí conversar con ella.

¿Cómo las escogí? Las escogí en función de lo que representaban esas normas y de las situaciones que quería abordar. Me dediqué a buscar qué mujer de la historia podía ser un referente de aquello que para mí debía representar una persona que trabaja en esta área.

Leonor, por ejemplo, me sorprendió incluso a mí misma. Es esa cuidadora del patrimonio, algo que muchas veces se nos ha negado a las mujeres, como si no supiéramos administrarlo. O Catalina, que fue tan juzgada y que todavía hoy está sesgada cuando se la evalúa, porque es muy fácil juzgar el comportamiento de una persona que gerencia sin tener en cuenta el momento histórico en el que tuvo que tomar sus decisiones.

Y están también quienes fueron capaces de morir por sus propias convicciones, como Juana de Arco, que sigue siendo objeto de interpretaciones y juicios históricos. Para mí, eso representa el poder de la convicción y de la pasión que deben tener las personas que trabajan en esta área.

«En mi práctica profesional, he descubierto que lo que hoy llamamos con tecnicismos Debida Diligencia, la Coronela Manuela Sáenz lo ejercía como inteligencia preventiva vital para proteger la integridad del Libertador. Lo que hoy definimos bajo la ISO 22301 como Continuidad del Negocio, Catalina de Médici lo establecía con una resiliencia asombrosa, manteniendo a Francia operativa mientras el país se desangraba en guerras civiles. Lo que hoy conocemos como Gestión del Cambio y «Tone at the Top», Catalina la Grande lo implementó con una visión ilustrada para modernizar un imperio arcaico y sumido en el caos administrativo».

Del libro Coronas, Códigos y Compliance: 10 mujeres que desafiaron el poder

Juana de Arco y sus convicciones

Visionarias: De esas diez mujeres, ¿hubo alguna que te sorprendiera o te impactara especialmente? ¿Qué encontraste en ella que te marcara de una manera particular?

María Alejandra: Mira, sería injusto decir que es una sola, pero dentro del análisis, leyendo la historia, escuchando pódcast y volviendo a investigar a cada una de estas mujeres, Juana de Arco me marcó especialmente.

Juana no era la mujer que yo tenía previsto colocar. Tampoco era una reina. Pero cuando decidí leer más sobre ella, para ir más allá de lo que nos cuentan las películas, me encontré con una mujer muy joven que fue capaz de impactar la historia y de mantenerse fiel a sus convicciones.

Eso me hizo sentir muy identificada con ella, porque he estado en posiciones en las que estás en un lugar, lo defiendes, lo cuidas y, sin embargo, es ese mismo lugar el que termina condenándote o atándote. Y después se pretende reivindicarte, vivo o muerto.

También me impactó descubrir a Juana como una mujer como nosotras: tenía mamá, papá, hermanos y una conexión muy profunda con la religión. Más allá de juzgar si aquellas voces eran realmente un llamado o no, lo que me interesa es que ella actuó desde su propia convicción.

El príncipe al que defendió también la utilizó y no la ayudó cuando debió hacerlo. Pero a ella eso no le hizo abandonar aquello en lo que creía. Incluso tuvo la capacidad de vestirse como hombre sin dejar de ser mujer y, según ella misma declaró, nunca mató a ninguna persona. Peleó, pero no mató. Es decir, no fue infiel a sus propios valores.

Y luego está su juicio. Analizar cómo se defendió, cómo fue condenada por la Iglesia y cómo fue abandonada por el príncipe al que había defendido permite ver la grandeza de una persona que no se rindió frente a ello.

Incluso cuando la obligaron a confesar hechos que ella decía no haber cometido, llegó a confesar y después afirmó que aquella confesión había sido obtenida bajo presión. Ahí vuelvo a encontrar esa capacidad de defender sus convicciones, de enfrentarse al poder y de sostenerse como ser humano, sin distinción entre lo que fuera un hombre o una mujer.

Por eso Juana de Arco es, definitivamente, una de mis reinas favoritas. La que más me marcó.

Ellas no se dejaron invisibilizar

Visionarias: Después de investigar y conocer las historias de estas mujeres, ¿qué crees que tienen en común con las mujeres que hoy ocupan posiciones de liderazgo? ¿Qué seguimos sin reconocer de ese legado y qué tendríamos que recuperar de ellas?

María Alejandra: Yo pienso que no existe una diferencia entre una Catalina la Grande y una Juana de Arco. La diferencia la ponemos nosotros, ni siquiera por la propia historia, porque muchas veces no leemos los contextos en el momento histórico en que sucedieron, sino que los leemos desde el contexto que nos interesa.

Y así nos ha sucedido también a nosotras como mujeres. Muchas veces buscamos a alguien que nos inspire, buscamos un referente, y pocas veces buscamos a las mujeres que han estado antes que nosotras.

Yo parto de algo que he hecho vida a través de Visionarias: Las mujeres que somos tienen que ver directamente con todas las mujeres que han pasado por la historia, las buenas, las malas, las mártires. Ellas nos han marcado. Y, al mismo tiempo, nosotras, en nuestra propia vida y en el contexto en el que nos encontramos, también marcamos la historia de las mujeres que nos antecedieron y de las que vendrán después.

Entonces yo pienso que la diferencia tiene que ver con la concepción. En algún momento leí que el mayor enemigo de la igualdad de las mujeres eran las propias mujeres, porque nos habíamos acostumbrado a ser víctimas y a que nos vieran bajo esa situación.

Yo pienso que en parte tiene razón cuando no entendemos la grandeza que tenemos. Y todavía nos cuesta esa figura de la sororidad, que tenemos que darle un nombre diferente al de los hombres para poder captarla, lo cual demuestra que seguimos marcando diferencias cuando reclamamos lo que significa esa igualdad.

Por eso me encanta la historia. Porque ellas, dentro de un mundo tan machista, donde realmente tenían que ser invisibilizadas y donde sabían que nacían para serlo, sencillamente nunca se dieron por vencidas, pero tampoco asumieron una postura de lástima.

Ya fuera porque estuvieron encerradas, porque su destino fue sencillamente procrear para salvar un imperio, porque decidieron morir en una hoguera o porque, siendo extranjeras, se fueron a otro lugar, como si fueran migrantes, ellas no se dejaron invisibilizar.

Y eso es lo que nosotros tenemos que reconstruir y, sobre todo, tratar de aprender de cada una de ellas.

La humanización de las organizaciones

 

Para María Alejandra, las organizaciones contemporáneas han olvidado algo esencial: al colaborador y al ser humano que hay detrás de cada organización.

Parte de una idea que atraviesa buena parte de su pensamiento: las empresas son organismos vivos porque están formadas por personas. Incluso cuando una persona jurídica puede responder penalmente, esa responsabilidad termina recayendo sobre personas naturales. Por eso, considera fundamental que las organizaciones sepan quiénes son las personas que las conforman, cuiden de ellas y entiendan que, además de colaboradores, son seres humanos con una vida fuera de la empresa, con necesidades y con derecho al descanso.

No se trata, aclara, de permitir que cada persona haga lo que quiera ni de que la organización tenga que darle siempre la razón al colaborador. Se trata de algo diferente: “que sean realmente humanas”. Y, sobre todo, que esa condición no se limite a una declaración de principios, sino que pueda reconocerse en sus acciones.

Su lectura de la historia de las mujeres que aparecen en Coronas, códigos y Compliance también le ha permitido observar esa dimensión. Al revisar la trayectoria de Catalina la Grande, por ejemplo, encuentra a una mujer extranjera que tuvo que abandonar su lugar de origen, enfrentarse a humillaciones y desenvolverse en un entorno en el que no sabía siquiera con quién terminaría casándose. Sin embargo, logró reconfigurar su posición a partir de las personas que la rodeaban.

Algo similar encuentra en Catalina de Médicis y en Isabel la Católica: mujeres cuyas decisiones estuvieron estrechamente relacionadas con las personas que formaban parte de su entorno y con sus propias convicciones.

Desde esa perspectiva, María Alejandra no plantea que una empresa tenga que dar siempre la razón a sus colaboradores. Su apuesta está en que las organizaciones aprendan a valorar y cuidar el talento que las conforma.

Una de las señales que utiliza para observar la madurez de una organización es, precisamente, la rotación constante de su talento humano. Cuando las personas no permanecen, considera que no necesariamente el problema está en ellas. También hay que preguntarse qué está ocurriendo dentro de la propia organización.

“Nosotros también somos seres humanos que nos equivocamos”, señala. Por eso considera necesario que las organizaciones tengan capacidad para reevaluarse, recapacitar, reconocer los errores y rectificar.

En definitiva, su propuesta pasa por recuperar una idea que considera esencial y que, a su juicio, las organizaciones contemporáneas han ido dejando de lado: “esa humanización”.

«Comenzar a escribir para ser yo»

Visionarias: ¿Qué ha significado para ti escribir estos dos libros, cómo te han transformado y cómo estás viviendo la recepción que están teniendo?

María Alejandra: Liderazgo con corazón siempre va a ser mi primer bebé de papel. Tiene un significado muy importante para mí porque contiene una confesión muy personal: una María Alejandra que se desnuda, que reconoce lo que es y lo que no es, y que intenta reconstruirse para entender lo que significa la gerencia y el liderazgo.

Por eso es un libro que me marca. Parte de conceptos que pueden parecer fríos, vinculados con normas de gerencia o con determinados estudios, pero también incorpora otras miradas que me han acompañado y me han recordado otra manera de entender el liderazgo.

Coronas, Códigos y Compliance pareciera ser una segunda parte de mi primer libro, sí y no. También habla de liderazgo con corazón, porque cada una de esas soberanas ejerció y representa, desde mi perspectiva, ese tipo de liderazgo. Pero en este segundo libro hay una María Alejandra más sosegada. No necesariamente más madura, sino más capaz de materializar y escribir aquello que hace diariamente.

Escribirlo también significó demostrarme a mí misma que aquello que planteaba podía hacerse. Que el trabajo de un gobernante o de una persona que trabaja en Compliance no es algo utópico ni un sueño, sino que requiere estudio, convicción y trabajo.

Para mí, además, la convicción es fundamental. Yo no puedo ponerme algo si no creo en ello; no puedo vender un producto si no creo en ese producto. Y para trabajar en la ética de una empresa, en la ética del cuidado o en la gobernanza, primero hay que estar convencido de ello. Esa convicción también hay que declararla.

De alguna manera, Coronas, Códigos y Compliance es una segunda parte de Liderazgo con corazón porque en él intento demostrar que sí podemos hacerlo.

 

La reacción a Liderazgo con corazón ha sido muy satisfactoria. En International Woman Compliance lo escogieron como libro de lectura y eso me dio mucha satisfacción, sobre todo porque muchas personas del área se sorprenden al encontrarse con un libro así. Por mi forma de escribir, porque trato de darle menos sobriedad sin quitarle importancia al liderazgo, la gobernanza o las normas, y porque incorporo metáforas y referencias literarias para establecer ese diálogo.

Yo una vez te dije que, en esta etapa, no estaba escribiendo para convertirme en millonaria ni en escritora. Comencé a escribir para poder ser yo. Y no simplemente para decir “soy yo”, sino para atreverme a escribir aquello que yo quisiera leer y sentir.

Coronas, Códigos y Compliance todavía es muy nuevo y su recepción está empezando. Me alegró especialmente que Emilio Urbina, uno de los autores venezolanos vinculados al Compliance, me dijera que se sentía orgulloso del libro y que ya lo había leído. Para mí tiene un valor especial porque son pocas las personas venezolanas que escriben sobre esta historia y hacerlo desde una perspectiva diferente también permite realzar lo que significa.

Y me quedo, sobre todo, con una enseñanza: sí se puede. Lo estoy demostrando. Cada una de las mujeres que aparecen en el libro me enseñó algo que ya he puesto o intento poner en práctica. Muchas de las cosas que declaro en él tienen que ver con momentos en los que me han dicho que no, con situaciones de oposición y con la manera en que he aprendido a sostener mis propias convicciones.

Techos de cristal en el compliance

Visionarias: En el sector del compliance, ¿todavía las mujeres tienen muchos techos que romper, o está cambiando esto?

María Alejandra:  No, en el compliance todavía hay muchos techos que romper. Cuando visualizas, incluso, la propia palabra “oficial de cumplimiento” es una palabra masculinizada frente a lo que significa la gobernanza, y cuando ves la historia, las mujeres llevamos la batuta frente a esa gobernanza, incluso dentro de lo que es el cuidado. Hay que romper muchos techos de cristal, por la forma como nos ven a las mujeres, pero también por la forma como nosotras nos vemos.

Yo siempre digo algo con lo que muchas feministas no estarán de acuerdo: que esa paridad, que es necesaria e importante, muchas veces puede hacernos daño como mujeres, porque consideramos que nos tienen que dar algo que no nos merecemos. Yo pienso que las mujeres también tenemos que ganarnos lo que merecemos, porque sería una falta de respeto con la historia ver todo lo que tuvieron que hacer esas mujeres, cómo incluso murieron producto de algo, y que nosotras pretendamos que, por el hecho de ser mujer, tengamos que tener algo que nos corresponde. Uno tiene que ser las mujeres que somos y responder también a ese legado.

Un consejo para Mujeres en Compliance

«El mensaje que yo les dejaría a las mujeres que están incursionando en el área del Compliance es que estamos ante una riqueza gigantesca, aunque sea un mundo muy pequeño y que, muchas veces, no resulta especialmente agradable de leer. Para poder estar en este mundo, hay que creer en este mundo.

«Yo no puedo entender que alguien exija el cumplimiento de una norma si no entiende que ese cumplimiento debe ser normal. Yo no tengo por qué suplicar. Si no predico con el ejemplo, sencillamente no lo puedo hacer.

«Entonces, mi consejo es estudiar, estudiar, pero, sobre todo, estudiar con vocación y pasión. No hay nada más sabroso en la vida de un ser humano, que muchas veces resulta ser tan corta.

«Lo digo porque uno se reinventa, vuelve a pensar las cosas y empieza a hacer aquello que quiere, de acuerdo con la pasión con la que lo desarrolla.

«Ese es mi consejo para todas esas mujeres: que estén en el lugar en el que quieren estar y, si creen que deben estar ahí, que lo demuestren, no a los demás, sino a ellas mismas.

«Muchas veces somos nosotras mismas quienes nos damos la oportunidad de irnos o de desviarnos, porque sencillamente esa decisión la tomamos nosotras. No debemos permitir que la tomen por nosotras».

¿Quién es María Alejandra Mancebo?

María Alejandra Mancebo, venezolana española, es abogada cum laude por la Universidad Católica del Táchira (Venezuela), con dos postdoctorados —en Gerencia Transcompleja y en Filosofía de la Ciencia y la Transcomplejidad—, un doctorado en Gerencia y Ciencias Gerenciales, y varias maestrías en Ciencias Penales y Criminológicas, Compliance e Igualdad de Género, entre otras.

Comenzó su carrera a principios de los 2000 en la administración de justicia venezolana: fue Jueza Civil, Defensora Pública, y la primera Fiscal de Legitimación de Capitales del país. Hoy es Gerente de Control de Riesgo y Legitimación de Capitales en la Corporación Bel, y a través de su proyecto Ecosistema, Bienestar y Cumplimiento (EBC) asesora a empresas en gestión de riesgos y sostenibilidad corporativa con enfoque de género. Es docente universitaria en Venezuela, México y España.

Es autora de Liderazgo con corazón. El poder femenino en el compliance y de Coronas, códigos y compliance. Historia de 10 soberanas que desafiaron el poder, además de coautora en varias obras jurídicas colectivas y de la columna mensual “Las mujeres que somos”, en Visionarias Business. Es Consultora Visionaria y forma parte de la Red de Expertas Visionarias.

Con orgullo, asegura que su mejor título es ser mamá y abuela de su gran inspiración, Isabel.

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Marita Seara Fernández

Periodista con Perspectiva de Género y Editora de medios digitales e impresos. Consultora Comunicacional.  Escribe para hacer visible lo invisible, sobre igualdad de género, sobre mujeres referentes, sobre la mujer en el mundo de los negocios y sobre el emprendimiento liderado, «por supuesto», por mujeres. Ha dirigido los departamentos de Comunicaciones de organizaciones relacionadas con el sector de los negocios e inversiones. Fue Directora de Comunicaciones de la Cámara de Industria y Comercio de EEUU y Venezuela, Gerente de Comunicaciones del Consejo Nacional de Promoción de Inversiones y Editora de la revista sobre economía y negocios Business Venezuela.

En 2014 creó su propio blog, Voces Visibles, para escribir sobre los derechos de mujeres y niñas en el mundo. Publicó en Amazon La Mujer. Una Voz que se extiende. Es coautora de La Visibilidad en 3 miradas: Cuando la Voz se escribe y de Tendencias 2026: 16 miradas sobre los cambios que redefinen el mundo. Es Consultora Comunicacional y apoya y asesora a mujeres +50 en sus estrategias comunicaciones y a armar su Hoja de Ruta hacia la visibilidad y posicionamiento de sus marcas y de ellas como referentes en sus áreas de acción.

Marita es fundadora de Visionarias Business y su Directora Ejecutiva y Editorial. También fundadora de la Red de Expertas Visionarias.

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