Hay el doble de prevalencia de depresión entre las mujeres que en los hombres. Según distintos estudios, esta prevalencia no está relacionado con factores biológicos (ni hormonal ni anatómico) sino a motivos psicosociales relacionados con situaciones de stress continúas en el tiempo como puede ser la asunción de las tareas de cuidado y domésticas junto al desarrollo de la carrera profesional.

Tal y como se recoge en la editorial, FeminismoINC y Visionarias impulsaron un estudio sobre los principales impedimentos que tienen las mujeres en relación con el desarrollo de su carrera profesional. El estudio se circunscribió a Iberoamérica, pero adelanto que los resultados son extrapolables a otras partes del mundo.

Dentro de este estudio, uno de los obstáculos está referido al suelo pegajoso y, dentro de este impedimento se identificaron cuatro ámbitos de análisis, diferenciando entre aquellos elementos que lo explican desde la perspectiva individual (sesgos y estereotipos de género), desde la perspectiva colectiva (barreras organizacionales, barreras sociales y barreras familiares) y consecuencias (salud y, especialmente la salud mental).

En relación con este estudio, hay que comenzar señalando que afecta mayoritariamente a mujeres como consecuencia de la adscripción de las tareas relacionadas con el sostenimiento de la vida, pero, cada vez, afecta a más hombres, debido a los cambios que se están produciendo y la cada vez su mayor asunción de responsabilidades en este ámbito, aunque todavía resulte insuficiente.

En segundo lugar, el suelo pegajoso afecta a todas las personas que tengan que llevar a cabo tareas de cuidado. Por tanto, no se ha de limitar a quienes tienen responsabilidades familiares derivadas de la atención a hijas y/o hijos sino también a quienes son responsables de la atención y cuidado de personas dependientes y, especialmente de las personas mayores.

En este artículo se va a poner de manifiesto tres dimensiones del suelo pegajoso:

1. Las tareas relacionadas con el sostenimiento de la vida que van más allá de la atención a menores.

2. La falta de recursos y servicios públicos en relación con el cuidado.

3. El impacto en la salud.

Somos (y seremos) una sociedad envejecida

Una de las grandes conquistas de la sociedad actual, sobre todo en países como España, es el aumento de la esperanza de vida. Así, según los indicadores demográficos básicos que publica el Instituto Nacional de Estadística, entre 2000 y 2020, la esperanza de vida al nacimiento de los hombres en España ha pasado de 75,9 a 79,6 años y la de las mujeres de 82,7 a 85,1 años. Solo Japón nos supera.

Este incremento de la esperanza de vida tiene una relación directa con el aumento de la calidad de vida en etapas de la vida como la infancia, la juventud, la madurez y parte de la vejez. Sin embargo, a partir de cierta edad, en palabras de quienes tienen una edad avanzada: “cada achaque supone bajar tres o cuatro escalones de golpe”.

En segundo lugar, en relación de la esperanza de vida se observa una brecha de género de, aproximadamente 6 años a favor de las mujeres. Ahora bien, ¿por qué si la esperanza de vida es mayor en las mujeres viven más tiempo con enfermedades crónicas, discapacidades y peor salud mental? Estas diferencias se deben en parte a la biología, pero también a factores sociales relacionados, por ejemplo, con la atención médica. Por ejemplo, se ha identificado un retraso en el diagnóstico mayor en las mujeres en al menos 700 enfermedades debido a que la enfermedad se expresa de manera diferente en mujeres y hombres y, la medicina aún hoy se basa en un modelo androcentrista.

Otro ejemplo lo encontramos en la salud mental. Hay el doble de prevalencia de depresión entre las mujeres que en los hombres. Según distintos estudios, esta prevalencia no está relacionado con factores biológicos (ni hormonal ni anatómico) sino a motivos psicosociales relacionados con situaciones de stress continúas en el tiempo como puede ser la asunción de las tareas de cuidado y domésticas junto al desarrollo de la carrera profesional.

Este envejecimiento de la población junto a la falta de relevo generacional como consecuencia del descenso continuado de la tasa de fertilidad situada muy por debajo de 2,1 hijas/os por mujer (1,19) necesarios para asegurar el reemplazo, conlleva que, prestemos cada vez más atención al suelo pegajoso como obstáculo en el desarrollo de la carrera profesional de las mujeres, pero desde el punto de vista, del cuidado de nuestras madres y padres. Y, respecto a este tema, hay que dejar claro la responsabilidad. Es decir, cada persona se ha de responsabilizar del cuidado de sus progenitores. En caso contrario, se corre el riesgo de asumir cuidados que no nos corresponden y poner nuestra salud en juego.

Fuente: Malin (Unsplash)

La falta de recursos y servicios públicos en relación con el cuidado

Desde 2013, el Instituto Europeo para la Igualdad de Género (EIGE) viene elaborando un índice sintético denominado “Índice de igualdad de género” para la Unión Europea. A través de este índice se muestra las diferencias entre mujeres y hombres en seis dimensiones: el trabajo, el dinero, el conocimiento, la distribución del tiempo, la posición de las mujeres en la toma de decisiones y la salud, así como sus subdimensiones. Además, el índice incluye dos ámbitos adicionales: violencia contra mujeres y desigualdades interseccionales.

En el análisis de las desigualdades interseccionales se examina el modo en que factores como la discapacidad, la edad, el nivel de educación, el país de nacimiento y el tipo de familia se entrecruzan con el género para crear diferentes trayectorias en la vida de mujeres y hombres.

En el último índice, las puntuaciones de diferentes países varían desde los 83,9 puntos de Suecia, a la cabeza en igualdad, hasta los 52,6 de Grecia. España logra una puntuación 73,7, ligeramente por encima de la media europea.

En relación con España, la mayor puntuación la obtiene en Salud (90,03) sobre todo, como ya se ha apuntado antes, teniendo en cuenta la alta esperanza de vida. En contraposición, la peor nota se obtiene en Dinero, ocupamos el número 16 y Tiempo, relativo al “desempeño de actividades de cuidado” en donde España ocupa el número 14, ambos por debajo de la media europea.

Estos indicadores ponen de manifesto que son las mujeres las que asumen mayores responsabilidades en el cuidado de la familia y el hogar. Así, respecto a las labores domésticas, son el doble las mujeres que se ocupan de ellas que los hombres.

Estas tareas conllevan energía y tiempo y, por tanto, tienen un impacto directo en la carrera profesional porque tanto la energía como el tiempo son finitos. Así, por ejemplo, en un proceso de promoción, nos encontramos que son las propias mujeres las que no se postulan y, esta decisión está relacionada con esta valoración de tiempo y energía: un nuevo puesto supone para empezar una curva de aprendizaje.

Si no se cuenta con una estructura familiar en la que estén repartidas las responsabilidades del cuidado entre quienes la conforman, servicios de atención y cuidado adecuados y/o redes de apoyo, las tareas de cuidado conllevan esta “auto exclusión”.

En relación con el enfoque que se ha incluido en este artículo respecto al cuidado de personas mayores, se ha de visibilizar que la atención y cuidado de estas personas tiene una base indiscutible basada en el cariño, pero, eso no significa que se haga bien, simplemente porque se desconoce cómo hacerlo.

En este sentido, la pandemia del COVID ha supuesto, entre otras cuestiones, la necesidad de avanzar en la consolidación de un sistema de cuidados y la extensión de servicios (generales y específicos), además de visibilizar la labor del personal que se dedica a este ámbito, por otra parte, un sector feminizado.

Fuente: EIGE (2021) Índice de Género 

El impacto en la salud

Este número de Visionarias se publicará tras el verano y, es conveniente que tengamos presentes cuántas veces hemos escuchado a compañeras de vida: “Vengo más cansada de lo que me fui” o “Necesito unas vacaciones de las vacaciones”.

Las tareas del sostenimiento de la vida cansan. Tienen impacto a nivel físico y, también a nivel emocional y mental. Las tareas de cuidado y atención generan situaciones de stress continúo. Situaciones ligadas a la aparición de enfermedades inflamatorias y autoinmunes.

En segundo lugar, este stress afecta a nuestra salud mental, como se ha visto anteriormente, provocando ansiedad y depresión. Enfermedades a las que, tras la pandemia, se están prestando mayor atención debido al aumento del 25% en la prevalencia de estas enfermedades.

En tercer lugar, hemos estado imbuidas en una sociedad donde el exceso de positivismo ha marcado nuestras vidas. Quejarse (por dolor, malestar emocional, problemas en la pareja, familia, empleo, etc.) estaba (todavía está) mal visto, y había que buscar opciones y soluciones, alternativas de forma individual a situaciones complejas. En efecto, este positivismo iba de la mano del individualismo.

Pero, además, este positivismo se entroncaba con la felicidad: la búsqueda constante de la felicidad y ello ha conllevado que vivamos en la sociedad del cansancio (Byung-Chul Han, 2016)). En este sentido, cada vez más se oyen voces de alerta “No estoy triste, estoy cansada”.

En conclusión, los cuidados es una responsabilidad individual y colectiva, de la sociedad en su conjunto y eso supone la implicación de todas y cada una de las personas que componemos la sociedad, así como de las Administraciones Públicas y de las entidades empleadoras (por tanto, más allá de las empresas).

Nuestra sociedad tiene que hacer frente a un reto demográfico relacionado con en el envejecimiento y el reemplazo y este reto supone un cambio en el modelo de servicios de atención y cuidado y, también la puesta en marcha de medidas dentro de las entidades que faciliten la corresponsabilidad y la responsabilidad compartida en los hogares.

Por último, es importante señalar que, si no se toman cartas en el asunto, la sociedad en su conjunto y, específicamente las entidades públicas y privadas, deberán asumir la pérdida del talento que conlleva el suelo pegajoso.

Bibliografía

  • Byung-Chul Han, 2016: La sociedad del cansancio. Editorial Herder S.L. Barcelona

  • EIGE (2021): Índice de género 2021. Link consultado el 22 de septiembre de 2022

  • INE (2022): Mujeres y Hombres. 4. Salud. 4.1 Esperanza de Vida. Link consultado el 22 de septiembre de 2022

  • INE (2022): Movimiento Natural de la Población/ Indicadores Demográficos Básicos. Datos provisionales 2021. Link consultado el 22 de septiembre de 2022

  • Organización Panamericana de Salud (2022): La pandemia por COVID- 19 provoca un aumento del 25% en la prevalencia de la ansiedad y la depresión en todo el mundo. Link consultado el 22 de septiembre de 2022

     

Raquel Jiménez

Los derechos humanos y, especialmente la igualdad, han estado presentes en mi vida desde mi infancia gracias a mis padres y, especialmente, a mi madre.

En este sentido, estudié Ciencias Políticas y Sociología en la Universidad de Granada y continué mi especialización con diferentes cursos de nivel experto universitario como “Agente de Igualdad de Oportunidades” (UNED) o “Políticas europeas de género: Estudio comparativo” (Univ. Complutense). Y, actualmente, estoy realizando los estudios de Doctorado en la UNED sobre problemas sociales y mi tesis versa sobre el teletrabajo.

En el ámbito profesional, la oportunidad de trabajar en el área de la igualdad de oportunidades y de género vino de la mano de un grupo de desarrollo rural y la puesta en marcha de programas con perspectiva de género.

De eso, hace ya 20 años y, desde entonces, he trabajado acompañando a entidades (empresas y ONGs) y administraciones públicas en el desarrollo de medidas, programas y planes relacionados con la igualdad.

En estos años, por ejemplo, he participado en los procesos de consulta para la elaboración de los anteproyectos de ley como la Ley Orgánica 1/2004 contra la violencia de género o la Ley Orgánica 3/2007 de igualdad efectiva de mujeres y hombres.

Y, durante los últimos cinco años he llevado a cabo la coordinación del programa “Escuela Virtual de Igualdad” del Instituto de las Mujeres (www.escuelavirtualigualdad.es).

Y, como curiosidad os comparto mi frase favorita “Defiende tu derecho a pensar, porque incluso pensar de manera errónea es mejor no pensar” (Hipatia de Alejandría)

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