No se trata de ser perfecta, se trata de ser fiel a lo que realmente quieres

Vivimos en una sociedad que constantemente nos bombardea con la perfección:  una imagen perfecta, una carrera perfecta, una familia perfecta, una vida perfecta. Ves fotos, “stories”, carreras profesionales o de emprendimiento dónde “todo” es perfecto. Dónde no hay espacio para no serlo.

Desde pequeñas, aprendemos a asociar el éxito con alcanzar estándares externos que nos dictan qué debemos hacer, cómo debemos comportarnos y en qué debemos convertirnos. Se nos crea presión por alcanzar un ideal de perfección, que casi siempre es inalcanzable.

El deseo de alcanzar esta perfección está enraizado en la necesidad de la validación externa en muchos casos. La perfección, tal como se presenta en esta sociedad, es una construcción artificial, diseñada para hacernos sentir que siempre nos falta algo. Que tenemos que perseguir algo más, siempre algo más. Cuando perseguimos esa perfección, es fácil perder de vista quiénes somos realmente y qué es lo que deseamos de verdad.

Muchas mujeres sentimos esta presión de ser perfectas en múltiples roles: profesionales exitosas, madres impecables, amigas incondicionales, parejas atentas, físicos espectaculares, etc, etc. Tenemos que cumplir con todo en todo momento.  Esta exigencia crea una carga emocional que va más allá de la responsabilidad cotidiana. Nos exige ser «más» en cada aspecto de nuestras vidas, sin concedernos espacio para equivocarnos, descansar o, simplemente, ser humanas.

“Redefinir el éxito significa hacer una pausa y preguntarnos qué es lo que verdaderamente queremos en nuestras vidas.”

Si nos fijamos en el entorno profesional, la presión por ser perfecta es constante. Estamos rodeadas de imágenes de éxito absoluto: la profesional impecable que siempre sabe qué hacer, que nunca comete errores y que maneja cada desafío con una sonrisa perfecta y con tacones de 12cm todo el día. Esta imagen no solo es irreal, sino que también es una trampa que nos aleja de lo más importante: ser fieles a lo que realmente queremos y construir una carrera que refleje quiénes somos, nuestros propios deseos, valores y prioridades. A veces lo que queremos no es lo que quieren los demás. 

¿Os cuento un secreto?  La carrera perfecta no existe. Lo que sí existe es una trayectoria profesional que puedes moldear según tus valores, tus necesidades y, sí, incluso tus imperfecciones. No se trata de tener un currículum impecable o ser siempre la mejor en todo, sino de tener la libertad para definir lo que significa para ti avanzar, a tu propio ritmo y bajo tus propias reglas.

No tienes que cumplir con expectativas ajenas, no se trata de cumplir con una imagen idealizada y perfecta. Es aceptar que somos maravillosamente imperfectas.

No sé qué pensáis vosotras, pero para mí, la idea de la perfección en el trabajo y en la vida es agotadora. Sí, me agota. Desde el momento en que salimos ahí fuera, nos encontramos con expectativas externas sobre cómo debería ser nuestro progreso, qué pasos dar, qué decir, qué hacer, cómo vestir. Nos enseñan que el éxito es escalar rápidamente, obtener el reconocimiento de nuestros superiores, y nunca mostrar debilidades. Ascensos, títulos y reconocimiento público. Una forma rígida de verlo.

Nadie nos explica ni nos cuenta el precio que pagamos por ello. Este tipo de perfección crea un entorno de estrés constante y un desgaste emocional alto llegando incluso al “burnout”.

Cuando la realidad es que las imperfecciones no son sólo inevitables, sino que son necesarias. Son parte del proceso de aprendizaje y crecimiento personal y profesional. Los errores no son fallos que debemos evitar a toda costa; son oportunidades para ajustar nuestra dirección, descubrir nuevas soluciones y aprender de nuestras experiencias. Al abrazar nuestras imperfecciones en el trabajo, y en la vida, nos liberamos de la presión de cumplir con un estándar que muchas veces ni siquiera hemos elegido nosotras. Quizás os sorprenda, pero no, no todas las trayectorias personales y profesionales deben seguir el mismo camino. No es una línea recta.

 A veces avanzar significa redefinir lo que el éxito significa para ti.

Redefinir el éxito significa hacer una pausa y preguntarnos qué es lo que verdaderamente queremos en nuestras vidas. Tal vez, para una persona, el éxito no esté en la cima de una jerarquía empresarial, sino en tener más tiempo para estar con su familia. Para otra, puede implicar construir un ambiente laboral que refleje respeto, colaboración y crecimiento, en lugar de competencia y perfección. Y para muchas, puede significar alcanzar un alto puesto directivo y encontrar equilibrio entre su vida profesional y personal.

La clave está en reconocer que no hay una única forma de triunfar, y que está bien si tu idea de lo que es el éxito no encaja con las expectativas tradicionales. El verdadero éxito es el que está alineado con tus propios valores y ritmo de vida;  es el que te hace sentir plena y satisfecha con tus decisiones.

Aceptar nuestras imperfecciones es también aceptar nuestra humanidad. En un entorno laboral cada vez más competitivo, puede ser tentador ocultar nuestras debilidades o errores, pero es precisamente en esos momentos de vulnerabilidad donde encontramos las mayores oportunidades de crecimiento y de fidelidad a nosotras mismas.

Las imperfecciones, lejos de ser obstáculos, son parte esencial de nuestra evolución. Sí, cometer errores no solo es parte del trabajo o de la vida misma, sino que es una de las mejores maneras de aprender. Permitirnos fallar y aprender de ello nos da la flexibilidad para tomar decisiones más creativas, más arriesgadas, y más alineadas con lo que realmente somos. Nos ayuda a crecer personalmente.

Cuando dejamos de aspirar a la perfección, empezamos a dar espacio a eso que se llama “ser tú misma”. Esto no significa conformarse o dejar de buscar mejorar, sino reconocer que el crecimiento personal y profesional no es lineal, ni rápido, ni perfecto. Es un camino lleno de aprendizajes, ajustes y descubrimientos, en el que cada paso cuenta, incluso los que parecen «mal dados».

En un mundo donde el éxito parece medirse en la velocidad con la que alcanzas ciertos logros, es crucial darse permiso para avanzar a tu propio ritmo. No todas necesitamos ir al mismo paso ni seguir el mismo camino que los demás. Cada persona tiene su propia historia, sus prioridades, y sus momentos de vida que deben ser tomados en cuenta.

El ritmo propio implica reconocer cuándo es momento de acelerar y cuándo es necesario frenar. Quizás hay etapas de tu vida en las que necesitas enfocarte más en tus proyectos profesionales, y otras centrarte en tu bienestar personal. Lo importante es que las decisiones que tomes reflejen tus valores y no las expectativas externas.

No tenemos que saberlo todo ni tener todas las respuestas. Podemos y debemos permitirnos ser vulnerables, reconocer nuestros errores y entender que nuestra vida y nuestras carreras no se basan en la perfección, sino en la colaboración, la adaptabilidad y el aprendizaje contínuo.

Ser fiel a lo que realmente quieres no es algo sencillo, pero es liberador. implica dejar ir las expectativas ajenas y soltar la necesidad de aprobación externa. Centrarse en lo que tiene sentido para tí, incluso si no encaja con lo que los demás esperan de ti. Nuestras imperfecciones no son debilidades, sino parte de lo que nos hace únicas. La imperfección es humana, y abrazarla es un acto de autocompasión.

 Es avanzar hacia tus metas sin perderte en el proceso.

 Nadie tiene todo bajo control todo el tiempo. Habrá días en los que te sientas agotada, insegura o perdida. Habrá errores, fracasos y momentos de incertidumbre. Si dejas de aspirar a la perfección, te das permiso para ser más amable contigo misma. Aprendes a ser flexible, a adaptarte y a aceptar que no necesitas tener todas las respuestas.

Ser fiel a lo que realmente quieres requiere introspección. Es un proceso continuo de autoconocimiento, donde debes ser honesta contigo misma y tomar decisiones que reflejen tus prioridades más profundas, esas que sólo admites tener a ti misma y en ocasiones ni eso. Puede que descubras que algunas cosas que antes te parecían importantes ya no lo son, o que ciertas metas que te impusiste no te llenan como pensabas. O quizás si, era exactamente lo que querías. 

Al liderar desde nuestras imperfecciones, estamos mostrando a los demás que está bien cometer errores, que el crecimiento es un proceso. A veces, avanzar significa ir en contra de lo que se espera de ti y elegir lo que es mejor para ti, incluso si no es lo que los demás consideran «correcto».

No se trata de ser perfecta, se trata de ser fiel a lo que realmente quieres. Vivir una vida y una carrera tuyas, libre de expectativas ajenas, es un acto de coraje. Al abrazar nuestras imperfecciones, redefinir el éxito en nuestros propios términos y avanzar a nuestro propio ritmo, podemos construir una vida que realmente refleje quienes somos. La perfección es una ilusión; ser fiel a ti misma, en cambio, es un camino lleno de posibilidades y de verdadera realización.

Se trata de dejar de seguir un guión que otros escribieron para ti y empezar a escribir el tuyo propio.

 

 

 

Fundadora y directora de Komorebi Solutions Boutique Consultoría de PR y Comunicación Estratégica especializada en Equidad y visibilidad del talento femenino. Colíder de Lean In Crownz International y Ambassador del Programa PowerUp.

Conferenciante en temas de equidad, perspectiva de género e igualdad y sesgos conscientes e inconscientes.

Actualmente reside en el sur de Francia y acompaña con su firma Komorebi Solutions a empresas y mujeres a dar visibilidad al talento femenino a través de mentorías, formación y consultoría con su programa PR Essentials.

Es licenciada en Comunicación con la mención de PR y Comunicación Corporativa. Posee un Master en Marketing Digital y otro en Estudios Asiáticos

Cree que la comunicación puede ayudar a crear puentes para unir culturas y personas. Ha vivido y trabajado en varios países y continentes; entre ellos Japón dónde vivió y estudió en una bodega de sake para profundizar en su conocimiento de la cultura y de los negocios japoneses.

Roser Méndez es Consultora Visionaria. Visita su espacio haciendo click aquí ⇒⇒

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Tanto Visionarias.Business, como Komorebi Solutions, tenemos un compromiso con el fomento de la Equidad, la inclusión y la diversidad tanto en los negocios como en la sociedad. Creemos que abrazar estos conceptos es crear un Impacto Positivo en ambas áreas.

De ahí nace esta nueva sección: “Impacto Positivo: Equidad, diversidad e inclusión”. Un espacio para valorar y escuchar una amplia gama de perspectivas, experiencias vividas y formas de pensar. A través de esta sección queremos apoyar y promover las voces de los demás, otras historias, la interseccionalidad, porque la inclusión es algo más que “talla única” o una campaña de Marketing.

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