Sobrevivientes del cáncer de mama: tener un propósito de vida como sanación 

Lourdes Adriana Rojas, RE_Cáncer de Mama

Escrito por Adriana Rojas

“La palabra cáncer no es necesariamente muerte. Ayuda a uno a hacerse más fuerte. Veo el cáncer como un proceso que uno va a pasar, pero está en ti si lo dejas apoderarse de tu mente”

Brendalis Ramírez

¿Qué pensarías o sentirías si de forma inesperada recibes un diagnóstico de cáncer de seno?

Nadie está preparado para aceptar una noticia que implique que su vida está en riesgo.

Sin embargo, hay personas que logran sobrevivir, no sólo a la enfermedad y a las heridas físicas que le puedan dejar las cirugías por el cáncer, como una mastectomía, sino también a las heridas psicológicas y emocionales que quedan, y pese a todo esto, encontrar una nueva y más fuerte motivación para superarse a sí mismo y seguir viviendo.

Esa capacidad del ser humano para reponerse y proseguir ante hechos extremos se llaman resiliencia. Y es precisamente esa fuerza interior la que nos muestran los testimonios de dos mujeres sobrevivientes de cáncer de seno; Diana Pérez Jiménez y Brendalis Rodríguez Sánchez.

Una lucha que para ambas comenzó desde el mismo momento en que les fue diagnosticada la enfermedad, que continuó durante el tratamiento y luego de éste.

Y, aunque para ambas sus historias de supervivencia parecen recorrer caminos distintos, también tienen un punto de llegada en común: no relacionan la palabra cáncer con muerte sino como una gran oportunidad para aprender y tener una vida con propósito. 

El cáncer de mama constituye la primera causa de muerte en la población femenina en el mundo. De acuerdo con estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), esta enfermedad representa 16% de todos los tipos de cáncer en pacientes femeninas. En 2020, en todo el mundo se diagnosticó cáncer de mama a 2,3 millones de mujeres, y 685 mil fallecieron por esa enfermedad. 

Diagnóstico: el doloroso giro del destino

Diana es colombiana, de Bogotá. Es madre de dos hijos, soltera. Fue diagnosticada con cáncer de seno triple negativo en 2014. Se trata de una variedad muy agresiva de la enfermedad, que crece y se propaga más rápido que otros tipos de cáncer, con opciones de tratamiento limitadas y escasas probabilidades de que funcionen. 

Una información de la American Cancer Society, revela que el cáncer de seno triple negativo (TNBC) representa alrededor de 10% a 15% de todos los cánceres de seno. 

Todo comenzó un día como cualquiera, cuando Diana se duchaba y encontró accidentalmente una pequeña protuberancia en el seno izquierdo. Aunque se sorprendió por la situación, reconoce que nunca se quiso hacer la palpación. “Desde niña le huía al tema por miedo”. 

“Pedí una cita, y fui al médico. Yo me confié sencillamente. La doctora que me palpó me dijo: ‘tienes una masita, te haces un examen y ya’. Sin ninguna relevancia. Si me hubieran alertado de lo que podía ser, hubiese corrido”.  

El examen nunca llegó a hacerse. “En menos de un mes, ya me dolía el brazo. Era una cosa tenaz. A raíz de eso terminé hospitalizada. El caso es que en esa clínica me hacen la biopsia y me dan la noticia. Me dicen esto es urgente, que tengo que empezar ya el tratamiento porque la enfermedad está es un estadio muy avanzado”, rememora Diana.  

Tras ser ingresada, comienza una carrera para iniciar el tratamiento en el que participarían un equipo médico, en el que se incluía el oncólogo y el mastólogo. Desde la ciencia, buscaban lograr su mejoría.  

“Aparte de tener estadio 3B en el que ya había un compromiso metastásico en los ganglios y que el tumor era bastante grande, el médico me decía que debía hacerme un ‘tratamiento de choque’. Consistía en cuatro quimioterapias de las más fuertes que son las rojas, seguido de un ciclo de 16 quimioterapias de las blancas. En vez de la frecuencia tradicional de 21 días, tenía que ser cada 15 días. A eso le sumaba que soy paciente renal desde niña. Tengo un riñón más pequeño, sufrí de pielonefritis, me hicieron un implante de uréter desde pequeña. El tratamiento era muy fuerte para los riñones y había riesgo de perderlos”, apunta.  

Refiere la American Cancer Society que el pronóstico para el cáncer de seno triple negativo, no es tan bueno como lo es para otros tipos de cáncer de seno, y las tasas de supervivencia es generalmente de 5 años después del diagnóstico. 

En un primer momento, Diana recurrió a su médico naturista con la que llevaba desde hace tiempo una dieta orgánica, por ser paciente renal, quien le dijo “si o si tienes que hacerte el tratamiento tradicional. Estás muy avanzada”. 

Diana también es practicante del judaísmo mesiánico, desde muy joven. “En nuestra comunidad nos gusta denominarnos seguidores del camino, porque realmente seguimos a ese judío verdadero que es Jesús, Yeshua, pero desde todas sus prácticas místicas, espirituales”, resalta. 

Advierte que más que religión se trata de un estilo de vida. “Sigues a Jesús, vives como Él, sin dejar de estar en este plano terrenal”. 

Su fe aborda la transformación, no sólo del alma, sino también física y mental. Y ese enfoque era justo lo que necesitaba en ese momento de su vida. Valiéndose de un tipo de meditación usada como herramienta -distinta a la que se practica con el yoga-, Diana comenzó a avanzar en su proceso interno. “La de nosotros es una meditación a conciencia, digamos, que es totalmente el alma y esa conexión con todos los tesoros que están en el judaísmo, que están ligados a lo que Dios dejó y reveló”, explica. 

En su comunidad espiritual, “mi maestra y mi guía me dijo: vamos a trabajar lo espiritual, pero también tienes que hacerte lo que se requiera por la medicina tradicional”. 

“A la par de la medicina tradicional, yo iba con mi medicina espiritual también, y fue la que siempre fue la que  funcionó”, dice. 

Foto de Diana Pérez Jiménez

La espiritualidad: primer paso a la sanación 

Diana subraya que su cambio partió de la decisión de tomar “las tres medicinas”: la naturista, la tradicional y continuar con su vida espiritual. 

“Obviamente fue toda una odisea a nivel físico”, dice, “porque el cuerpo rechaza el tratamiento. Digamos que, si a una mujer un tipo de cáncer le provoca vómitos, a mí me daban cien al día. Fue fortísimo. Bajé de peso, yo era un palillo, pero sabes que estás en la lucha”, subraya.  

Debido a su experiencia, para Diana los milagros si existen. “A mí me imponían manos (en mi lugar de oración). El tumor desapareció literalmente en la tercera quimio y mi mastólogo no lo creía al palparme. Literalmente era una energía poderosa. Una energía que habría que vivirla para creerlo”. 

Según comenta Diana, fue todo un proceso de unir la ciencia con la espiritualidad. “Y de la mano de ese concepto de espiritualidad es que yo siempre hablo del de sanidad”, sostiene. 

“Se trata de un milagro, el milagro de un poder sanador, que también está unido a la ciencia. El cerebro es electricidad, y está comprobado que nuestras neuronas son electricidad total (…) Realmente somos energía, el alma es energía y esto no puede ser un tabú. Cuando hablas de Jesús, sabes que Él liberaba energía en su manto, en sus manos. Y eso es lo que yo viví estando hospitalizada, en todo mi proceso viví ese milagro”, recalca Diana. 

En este momento, Diana tiene 7 años como sobreviviente, una hazaña que atribuye a su inquebrantable fuerza espiritual. 

Desde su óptica, “cuando convergen estas alternativas, la persona vuelve a un equilibrio, entonces empiezas a decir ‘okey, Dios me permitió vivir estos tratamientos tradicionales, conocer a tantas personas cuando recibía la quimioterapia, y fue para darles esperanza’”. 

Una esperanza que Diana reparte ahora a través de su comunidad en las redes sociales que ha denominado: “Sobrevivientes de cáncer de seno triple negativo”. Ayudar a otros se ha convertido en su propósito de vida. 

Lucha y aceptación 

Brendalis Rodríguez Sánchez, es puertorriqueña. Está casada y tiene tres hijos (uno de ellos de crianza). Es sobreviviente de cáncer de seno desde hace 11 años. Un verano de 2011 fue sorprendida al sentirse “una masa” en el lado derecho de su seno. “Era bien dura, pero pequeña”, recuerda. 

Confiesa su descuido de no hacerse la mamografía. “Soy consciente de eso. Estaba trabajando mucho, no tenía tiempo y me descuidé. Tan pronto fui al oncólogo, me dijo que se trataba de un tumor maligno”. 

“El mismo día el doctor me envió a hacerme la biopsia. Luego de tres semanas, los resultaron dieron positivo: el cáncer era invasivo categoría 1. Eso quiere decir que crece rápido, aunque es menos probable que se propague. Tenían que operarme inmediatamente. Había que hacer quimio o radioterapia. Yo estaba tranquila, pero no sabía cómo decírselo a mi esposo. Yo lo asimilé, pero él lo sufrió mucho, más que yo”, rememora. 

“Antes de la operación” prosigue Brendalis, “el doctor me dice que tenía tres opciones, sacar sólo el tumor, sacar la mitad del seno, o sacar los dos para prevenir. Yo decidí que me sacaran los dos, porque tenía 52 años y ya tenía hijos. La operación para hacer una mastectomía radical duraría como 6 horas. Y me fui preparando, busqué videos; vi el proceso como uno quedaba. Quedé flat (plana), como un hombre (ríe)”. 

En el hospital que operaron a Brendalis, también había muerto su papá. “Hace diez años cuando me operaron yo tenía una sensación de tranquilidad. Tenía como un presentimiento de que iba a estar en su habitación. Cuando me operaron yo iba casi dormida, adolorida, quejándome, me pasan a la camilla. Yo miro el cuarto y le digo a mi esposo: ‘este es el cuarto 202: estoy en el mismo cuarto que mi papá murió’. Cuando llegó mi mamá miró y empezó a llorar y me dice; ‘Dios mío no lo puedo creer’”. 

Tras una rápida recuperación, comenzó un nuevo proceso. Su oncólogo le informó que iba a requerir por lo menos seis quimioterapias. “Yo me negué, tenía una melena larga y rubia (a mi me decían Barbie) y no quería que mi pelo se cayera. Y el doctor me dijo; ‘te tenemos que dar la quimio porque te quedó un puntito microscópico del cáncer’. Y así empecé mi primera quimio. 

“Yo tengo cinco operaciones. Una de las marcas se me ve con vestidos descotados. Pero no me importa, es una marca que tengo con mucho orgullo, porque sobrellevé esa batalla tan fuerte, que otras no han podido sobrellevar”, comenta. 

La vida después del cáncer no es la misma, dice Brendalis. “Hay muchas cosas que cambiaron en mi cuerpo. Perdí el deseo sexual, las hormonas no funcionan. No tengo nada de sensación, pero he tenido que recurrir a otras alternativas para poder hacer feliz a mi pareja. El me ha entendido, me, ha ayudado”. 

Al igual que Diana, Brendalis atribuye su sobrevivencia del cáncer de mama en su fe en Dios, aunque tienen creencias distintas. Ella pertenece a la iglesia Pentecostal liberal. 

“Creo mucho en Dios y eso me hacía vivir el día a día. Siempre da un poco de miedo (el cáncer) porque son cosas nuevas, pero estaba tranquila. Yo soy bien apegada a Dios. Creo mucho en la oración”. 

Siempre mostrándose como una mujer optimista y de gran ánimo, señala que luego de un proceso de sanación, se encuentra bien y sin dolores. 

Relata que antes servía al Señor en la iglesia, pero se apartó, luego su hija la invitó a retomar su fe. “Allí tuve esa sanación. Es una iglesia donde se siente la presencia de Dios”. 

Foto de Brendalis Rodríguez Sánchez.

El futuro: una vida con propósito

Luego de ganarle al cáncer, Diana al igual que Brendalis, se apoyan en distintas herramientas que las ayudan día a día a llevar una vida sana física, mental y emocionalmente. 

La primera de ellas es la alimentación. Antes de ser diagnosticada, Diana seguía un tratamiento naturista, debido a su enfermedad renal. “Yo ya había dejado de seguir al pie de la letra (la dieta macrobiótica), un año antes del cáncer. Volví a consumir gluten, y muchas cosas que llevan a que nuestro sistema inmunológico se desestabilice. A raíz del cáncer retomé mis frutas, y ya soy vegetariana al cien por ciento (…) Vegetariano se entiende como que se limita el consumo de los animales, pero yo como pescado y huevos. No lo hago por filosofía sino por salud y porque recarga el alma”. 

Por su parte Brendalis acota “que tomaba mucho jugo de zanahoria y remolacha, y comía guanábanas. Esto ayuda mucho. Me mantenía en un peso saludable. No como alimentos procesados, trato de consumir frutas. No como casi carnes rojas, pero casi siempre como mucho pescado. Del pollo como la pechuga. Y procuro no comer fritos”. 

Para Diana uno de sus pilares terapéuticos ha sido el arte. Luego de año y medio de estar incapacitada laboralmente como docente, debido a la enfermedad, trabaja de forma independiente para ayudar a otros, gracias a su licenciatura en Artes y a un diplomado en Arteterapia. 

“Trabajo mucho en la fotografía desde el celular como una herramienta terapéutica. Mis fotos son sobre la naturaleza, sobre paisajes. Hay que valorar mucho lo que nos enseña el día a día y la naturaleza. Uso las imágenes para que las demás personas tomen conciencia que valen, que mientras haya vida, hay esperanza”. 

De igual forma Diana extiende el Arteterapia – que son herramientas para lograr un mayor contacto de la persona con su interior-, al dibujo, la pintura y otras prácticas como la escultura que ayudan a manejar la autoestima. “La plastilina es útil para la concentración, para que las personas se centren y se reconozcan a sí mismos”.  

Añade que la escritura también es un elemento terapéutico, no desde el punto de vista literario profundo, sino para “liberar y hacer conciencia”. 

También, durante su duro proceso, Diana ha cuidado de su salud mental. “Los tratamientos químicos te generan un choque que ni siquiera puedes controlar. De un momento a otro, estás llorando. En mi caso lloraba porque soy muy sensible. He ido aprendiendo muchísimo a manejar esos estados extremos. Tú puedes ser sensible, pero uno debe aprender a equilibrarlo también, y ha sido desde la parte espiritual que lo he logrado. Desde la sabiduría judía mística, se aprende a tener ese control emocional.”. 

Entretanto, Brendalis, después de cumplir su tratamiento, en el “que quedas un poco adolorida, y son muchos los efectos secundarios”, decidió mantenerse muy activa -incluso hizo algunos cursos para confeccionar brasieres para personas con cáncer de mama, entre otras cosas. Pero, en realidad, todo el proceso es una montaña rusa emocional. 

En una época Brendalis cayó en un estado de depresión, luego de que su mamá falleciera en su casa. “Ella tenía cáncer en los pulmones por causa del cigarrillo, al igual que mi papá. Me fui a un psicólogo, me dieron medicamentos para la depresión. Tampoco podía dormir, y tuve que tomar también medicamentos para el sueño. Eso me mantenía (…) Todo fue un proceso bien difícil y doloroso, y al momento que yo tenía que llorar, lloraba, porque somos humanos y yo decía: esto va a pasar”, relata Brendalis. 

Otra de los objetivos que no deben perderse de vista, dice Diana, es buscar paz a través del perdón. “Obviamente se necesitan procesos. No se trata de que perdonas a todo el mundo y te curaste. Ojalá fuera así de fácil”. 

“Soy madre soltera, fui traicionada por mi marido. Finalmente pude perdonarlo, entenderlo, mirarlo con otros ojos, compadecerme de sus acciones, esa es una transformación del alma. Primeramente, te trasformas desde adentro, te perdonas a ti mismo, perdonas a los demás y créeme que logras un cambio grandísimo. Ese es un cambio que me ayudó en el cáncer”.  

A Diana también la ha ayudado mucho la práctica de la gratitud. “Hay algo que está dentro de la mística judía que es muy hermoso. La gratitud es vital, es clave en la vida de todo ser humano, porque te conecta inmediatamente con saber que tú estás aquí con un propósito (…) Cuando agradeces entiendes el por qué y para qué estas así, por qué pasaste por eso, cuál es tu propósito y no te quedas llorando en un mar de tristeza”.  

“Yo no puedo decir el cáncer es una maravilla, jamás lo diría. De hecho, estoy en contra de decir que todo es color de rosa. Tú no puedes tapar todo con una publicidad donde muestran a una mujer calva riendo porque tampoco es así”, asevera Diana.  

Y es que la realidad es dolorosa, pero cuando esta transforma al individuo, aparece el propósito y el alma se hace “más viva, y más misericordiosa”. “Ocurre que ya no ves solo lo tuyo. Ves más allá. Ya entiendes a otros. Tú puedes darle la mano a otros que están en esa situación” y este, subraya Diana, es el propósito luego del cáncer. 

Diana también comenta la importancia de meditar. “En la parte espiritual, trabajamos códigos de meditación, que tienen todo un proceso. Esos códigos, que trabajamos con la lengua santa, que es en hebreo, ayudan a muchas áreas de nuestra vida, entre esas la salud” advierte. 

Luego de 7 años de sobrevivencia después del diagnóstico, de hacerse la mastectomía, y ahora siguiendo el control, con todos los exámenes de rutina, Diana asegura que “todo ha salido bien”. 

La experiencia de Brendalis, de alguna forma, la ha llevado a mismo punto final del camino. “La mente es poderosa”, dice. “Cuando voy a hacerme la mamografía yo voy tranquila, y confiando en el Señor. Siempre pongo a Dios por delante que todo va a estar bien”. 

A las mujeres que han sido diagnosticadas con cáncer de seno, les envía un mensaje: “Primero que nada, hay que aceptar que tenemos la enfermedad. Segundo explotar. Si tenemos que llorar, lloramos, pero tenemos que levantarnos más fuertes porque esto es una pelea”. 

“En mi caso, si me venían pensamientos negativos, me ponía a orar o ponía música, y buscaba la manera de no pensar que estaba enferma. Yo decía ‘esto va a pasar, yo voy a estar bien’. No deben dejar espacio en su mente para pensar que se van a morir”, sostiene. 

Brendalis también creó una comunidad en Facebook que se llama “Sobrevivientes de cáncer”, porque “quería ayudar a otras muchachas. Hice la página porque cada vez que iba a una cita me decían ‘Brendalis, déjame ver cómo te quedaron los senos’. Me hacían tantas preguntas, muchachas tan jóvenes que tenían miedo. Y yo les decía ‘no todas somos iguales, y no todas pasamos lo mismo’. Yo tenía mi turbante porque se me cayó mi pelo que tanto quería, pero siempre estaba regia”. 

Resalta Diana que “cuando tienes claro que tienes un propósito, esto te trae un equilibrio y una paz que te organiza todo”. 

Resalta Brendalis que “la palabra cáncer no es necesariamente muerte. Ayuda a uno a hacerse más fuerte. Veo el cáncer como un proceso que uno va a pasar, pero está en ti si lo dejas apoderarse de tu mente. Yo estaba positiva, Todo el mundo me decía ‘que bien te ves’. Cada vez me ponía más linda. Soy de las personas que le gusta estar arreglada, y gracias a Dios voy para once años ya como sobreviviente”. 

Para Brendalis, el futuro es un horizonte amplio que se extiende amorosamente frente a ella. “Voy a ver mi próxima nieta que va a nacer en enero, y voy a ver a mi otra nieta casarse y los bisnietos. Vivo día a día siempre me levanto dándole gracias a Dios por permitirme estar sana. He pasado como el Niágara en bicicleta. Me dio el cáncer, perdí a mi mamá, y eso no me detuvo. Sigo luchado hasta el día de hoy”, recalca. 

El 19 de octubre se celebra el Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer de Seno, y es una oportunidad para concientizar a la población sobre la importancia de la detección precoz (antes de que aparezca algún síntoma).  

“Cuando tienes claro que tienes un propósito, esto te trae un equilibrio y una paz que te organiza todo.”

Diana Pérez Jiménez 

 

 

“He pasado como el Niágara en bicicleta. Me dio el cáncer, perdí a mi mamá, y eso no me detuvo. Sigo luchado hasta el día de hoy”

Brendalis Rodríguez Sánchez

 

 

Adriana Rojas

Periodista con amplia trayectoria como Coordinadora Editorial, reportera y corresponsal, en diferentes medios de comunicación social de Venezuela; como Notitarde, El Tiempo, El Nacional, Producto, Noticiero Industrial, La Guía del Motor y Acces Directv. Ha sido colaboradora en las Revistas Business Venezuela de Venamcham, Construcción, Fedecámaras y Dinero. Es redactora, especialista en temas de salud y bienestar integral, y se ha formado en España como Community Manager y Marketing de Contenidos y Copywritter.

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