Blanco, tinto, cabernet o merlot; más que un acompañante, el vino forma parte de una cultura interesante, trascendente en la historia y amplia.

Más que un arte, desde su visión más pura, la vitivinicultura es una actividad agrícola, por lo que el entorno natural y las condiciones de este son imprescindibles para que la producción del vino perdure en el tiempo de la manera más óptima posible. Sin embargo, ningún sector puede escapar de los efectos del cambio climático, donde fenómenos naturales cada vez más recurrentes y de mayor intensidad hacen que las actividades agrícolas se enfrenten a mayores retos.

Aunque las prácticas orgánicas y tendencias sostenibles pueden resultar un reto, en la producción del vino son cada vez más recurrentes, y tratándose de un sector de tradición y (a menudo los viñedos y bodegas son empresas familiares de varias generaciones), dichas prácticas encajan con uno de los propósitos principales de la vitivinicultura.

Tal y como mencionó el Master of Wine y director general de Península Vinicultores y de Bodegas & Viñedos Fontana, Andreas Kubach, en la III Jornada Técnica Divulgativa organizada por la D.O Uclés en Castilla La Macha, España, “con la viticultura ecológica no se vende un simple vino, se vende una filosofía de vida que va desde el viñedo hasta la botella”.

«La sostenibilidad permite la generación de valor agregado a un nivel económico, donde la inversión de estas prácticas en viñedos y bodegas cuenta con un retorno estable y un mejoramiento de la marca e imagen, que permite atraer y fidelizar a una mayor cantidad de clientes»

¿De qué trata la Vitivinicultura sostenible?

Para María Luisa González-SanJosé, sostiene en La Cultura del Vino, motor del desarrollo sostenible de las regiones vitivinícolas, que el desarrollo sostenible en la vitivinicultura está relacionado en dos ejes, por una parte, “todo lo que tiene que ver con la sostenibilidad en la explotación agrícola-industrial del medio…” y por la otra “…lo relacionado con la explotación sostenible del patrimonio cultural del vino, desde los paisajes a las expresiones artísticas, a través de los diferentes productos turísticos…”.

De acuerdo al Wine Institute (California, Estados Unidos), la viticultura sostenible se refiere a un conjunto integral de prácticas ambientalmente racionales, socialmente equitativas y económicamente viables.

Es decir, son prácticas que tienen como objetivo primordial el uso consciente de los recursos actuales para su disfrute por futuras generaciones.

Algunas de estas prácticas pueden incluir conservación y mejoramiento de la calidad del agua, mejora en la relación con los empleados y consumidores, preservación de ecosistemas locales y fauna silvestre, así como una mejora en los indicadores financieros con registros de mediciones de objetivos claves.

Ecológicos, biodinámicos y sostenibles

Por supuesto, a la hora de hablar de viticultura sostenible, se abre un abanico de clasificaciones y términos, ya que no todos los viñedos y bodegas se encuentran aplicando las mismas prácticas y tampoco se encuentran en la misma etapa de aplicación.

Incluso, estudiosos del tema como Cristina Santini, Alessio Cavicchi, Leonardo Casini han propuesto denominaciones que permitan clasificar a las bodegas por su grado de sostenibilidad, hablándose entonces de

Bodegas dedicadas. Aquellas iniciadas en prácticas sostenibles y que invierten de manera importante en capacitación, comunicación con los stakeholders y educación de clientes y empleados.

Bodegas no explotadoras. Se refiere a las bodegas que han dado el primer paso para incluir ciertas prácticas de sostenibilidad.

Bodegas rezagas. Aquellas que no han comenzado con este tipo de prácticas y que probablemente no lo hagan en un futuro.

Por ello, también se puede escuchar de vinos:

  • Ecológicos/orgánicos. La premisa principal son las uvas cultivadas de forma orgánica y natural. Este tipo de vinos no usa herbicidas, plaguicidas o funguicidas en sus viñedos o aditivos en el producto final.
  • Biodinámicos. Son vinos de elaboración bastante compleja que siguen los principios de Rudolf Steiner, donde se toman en consideración la forma de trabajar la tierra y la vid, donde todo lo que se obtienen de la tierra debe posteriormente regresar a ella y, además, debe lograrse sin involucrar procesos industriales.

En este tipo de prácticas se rota el cultivo de manera frecuente, se usa abono proveniente de materia orgánica, existe una ausencia total de productos químicos y se sigue el calendario astronómico para cosechar, cultivar y podar la vid.

Además de la aplicación de cultivos orgánicos, en la elaboración de estos vinos se trabaja en la eficiencia energética, adecuado manejo del agua (y la calidad de esta), y se trabaja de manera estrecha con los empleados en lo que respecta a su capacitación y entendimiento de las mejores prácticas para lograr así una comprensión y continuidad del trabajo.

Imagen de Peter H en Pixabay

La filosofía sostenible crece cada vez más en la cultura vitivinícola, no solo por las bondades que ofrece al ecosistema como una menor erosión de los suelos, menor uso de pesticidas y químicos contaminantes para el ambiente y la fauna silvestre, sino, además, por su impacto social en la comunidad rural, creación de uso consciente de los recursos, así como la generación de innovación y la preservación de tradiciones y cultura propia de la zona donde se produce el vino.

De igual forma, la sostenibilidad permite la generación de valor agregado a un nivel económico, donde la inversión de estas prácticas en viñedos y bodegas cuenta con un retorno estable y un mejoramiento de la marca e imagen, que permite atraer y fidelizar a una mayor cantidad de clientes.

Como mencionó Helena Fernández, directora de Medio Ambiente y Energía de eCo2 Innova Environment & Energy en la III Jornada Técnica Divulgativa organizada por la Denominación de Origen Uclés,

“Si añadimos una creciente conciencia social hacia clientes que valoren la gestión sostenible y los productos y servicios respetuosos con el medio ambiente- encontraremos en la sostenibilidad uno de los mejores aliados para la mejora de la rentabilidad de las bodegas”.

Algunos proyectos interesantes

Bodega Toto Marqués

La bodega familiar cuenta con viñedos propios donde se dedican al cultivo y elaboración de vino tinto. Adicionalmente, cuentan con certificación ecológica CCPAE (Consejo Catalán de la Producción Agraria Ecológica).

Website: https://totomarques.com/

Dehesa de luna

El viñedo ha sido diseñado respetando el paisaje y sus vinos se obtienen de procesos ecológicos que respetan la tierra y los cultivos.

Website:  https://dehesadeluna.com/blog/

Caligiore

Esta bodega argentina se dedica de manera exclusiva a la producción de vinos ecológicos Premium mediante el cultivo a mano de las uvas, respetando la vida silvestre y preservando los suelos.

Website: https://caligiore.com.ar/

Krontiras

Su producción de vinos de alta gama se da gracias al respeto brindado desde los viñedos hasta el producto final mediante producción a mano y con miras a emplear prácticas biodinámicas. con una producción de vinos de alta gama

Website: https://www.krontiraswines.com/bodega-krontiras/

Bodega Lagravera

Los viñedos de esta bodega se encuentran en los espacios de una antigua gravera, recuperando el sueño y todo el ecosistema circundante. El cultivo comprende prácticas biodinámicas y poseen una certificación Demeter.

Website: http://www.lagravera.com/

Fuente: Bodegas Krontiras

DANIELA OROPEZA

Licenciada en Estudios Internacionales de la UCV, interesada en temas de sostenibilidad, triple impacto desde el punto de vista ambiental, así como en temas de perspectiva de género. Articulista de la revista Business Venezuela y Feminismo Inc. Actualmente se desempeño como Coordinadora Sectorial Senior de VenAmcham

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