La casa de la Nada
«Ahora sé que no soy perfecta e inmune y que nadie es perfecto e inmune. Que mis miedos, inseguridades y desasosiegos son únicos, como únicos son los miedos, inseguridades y desasosiegos de los demás. He comprendido que la vulnerabilidad no es sufrir la derrota, sino gozarla igual que las victorias…«

Durante mucho tiempo, en mi loca adolescencia, tuve un sueño recurrente: soñaba en dos casa idénticas. En realidad existen; son dos casas construidas en ángulo que se observan distraídas sin ser demasiado curiosas. En una, vivía yo con mi familia. En la otra, unos amigos de esos con los que tienes lazos familiares muy lejanos, pero intensos.
En el sueño, mi casa era la Casa del Todo: Era noche cerrada y una gran fiesta. Estaban invitados mis amigos, mis conocidos, mis amores. Música, baile, algún magreo y retazos de conversaciones divertidas.
En la segunda, la Casa de la Nada, el vacío total. Solo el reflejo de la fiesta en los grandes ventanales de la sala y pedacitos de la banda sonora escurriéndose por los resquicios de la puerta, nada más.
Mi sueño siempre empezaba así: siempre las casas, siempre la del Todo y la de la Nada y siempre sucedía lo mismo: estaba por entrar a la fiesta y, en la escena siguiente, estaba sola, sumergida en la Nada, viendo desde el gran ventanal helado a mis amigos, conocidos y amores.
Siempre igual: muda e inmóvil observando desconsolada como “ellos” me miraban de reojo y, simplemente, no me echaban en falta. Me despertaba angustiada; este sueño era mucho peor que el “sueño de los cocodrilos” de cuando era niña.
Por suerte, mi día de luz adolescente fue divertido, amigable, amoroso, fiestero…porque si no, a día de hoy, sería una Hikikomori encerrada por siempre en mi habitación!
No soy psicóloga, pero entiendo y comprendo que la adolescencia es un momento muy duro. El miedo a no encajar, al qué dirán, a las malditas críticas, a las burlas feroces. El miedo a crecer, al futuro, al cambio, a la incertidumbre, al ridículo. Un miedo que se responde con un lacónico “son las hormonas, ya pasará”.
Quizás sí, quizás solo sea la revolución hormonal lo que provoca la angustia, pero una vez ha llegado a ti se instala, en tu mente, tu cuerpo y tu vida, para siempre…
No son las hormonas ni los neurotransmisores producidos por los genes los que controlan nuestro cuerpo y nuestra mente; son nuestras creencias las que controlan nuestro cuerpo, nuestra mente y, por tanto, nuestra vida…
Dr. Bruce H. Lipton, “La biología de una creencia”
Con el tiempo han desaparecido los sueños de la Casa de la Nada, los de los cocodrilos, los del coche sin freno…Parece que cuanto más mayor te haces menos sueñas con el devenir y más con los quehaceres del día a día.
Con el tiempo, la sensación persistente de “no encajar”, “no gustar”, “no ser escuchada ni mirada” no ha desaparecido del todo; solo se ha transformado en algo que observo con ojos curiosos. He descubierto que ellos pueden herirte, criticarte, burlarse y ningunearte -aunque los gurús insistan en lo contrario con sus fantásticas frases motivacionales-. Podemos hacerlo –¡Sí, me incluyo!– porque es consubstancial a nuestra modo de vida, a nuestras creencias más arraigadas, a la cultura de la escasez, a una sociedad perennemente asustada que corre despavorida sin saber dónde quiere llegar.
No encajar, no gustar, fracasar…Ser ninguneada, criticada, invisible…No son “tonterías que debes quitarte de la cabeza”. Son reales y tangibles porque producen un dolor físico infinitamente mayor que una herida abierta. Porque…
“Que seas un paranoico no significa que no te persigan»
Kurt Cobain

Y volvemos a Kurt…
Estaba cansado de aparentar que era alguien solo para llevarme bien con la gente, solo por tener amistades
Con el tiempo aprecio mi “soledad” hecha a mi medida. Con el tiempo he vuelto a conectar con la Marta del parvulario a la que le henchía la satisfacción de ser protagonista de todos los finales de curso: la bailarina solista de “El Lago de los Cisnes” de Tchaikovsky , la soñadora de “Alicia a través del espejo” o la marineta en la cuerda de Sandie Shaw.
Pero también, miro con nostalgia y cariño a la Marta “bandera española” que por “enteradilla” y “patriótica” organizó el caos en el escenario!!!
Aprecio “permitirme”, “arriesgarme”. Ya no me da tanto miedo la indiferencia de “ellos”. He aprendido a respetarla e, incluso, a veces, a acariciarla con dulzura. Ahora sé que no soy perfecta e inmune y que nadie es perfecto e inmune. Que mis miedos, inseguridades y desasosiegos son únicos, como únicos son los miedos, inseguridades y desasosiegos de los demás. He comprendido que la vulnerabilidad no es sufrir la derrota, sino gozarla igual que las victorias…
“La vulnerabilidad no se basa en conocer la victoria o la derrota, sino en comprender la necesidad de ambas: es implicarse; es estar totalmente dentro” . Brené Brown, “El poder de ser Vulnerable “
Escribo porque me gusta, porque me emociona, porque desnuda mi alma del implacable constreñimiento de mi mente racional. Escribo porque ensayo, tento, pruebo, oso y me permito. No hay pretensión alguna, incluso me da cierto reparo que tus ojos recorran mis palabras escritas.
Solo ensayo y así, puedo navegar felizmente entre la duda metódica de Descartes, el escepticismo de Hume o la mayéutica socrática. Dejarme acariciar por las aporías presocráticas o los Assaig de Montaigne. O por el precioso encuentro de Antoine de Saint-Exupéry o por esos Cien años de Soledad. Porque un ensayo es…
…un método de pensamiento que es una forma de vida. Un modelo abierto, contradictorio y discontinuo; donde «quizás», «en cierto modo», «creo» o «me parece» suavizan el yo.
Solo ensayo porque no hay certezas absolutas, ni modelos matemáticos que puedan limitar el Caos. Solo existe lo inesperado, lo incierto y cada vez más lo inesperado, lo incierto. Vivimos una historia que “no gatea, da saltos” cada vez más llena de los Cisnes y Cisnes Negros de Nassib Taleb.
Y nos esforzamos por contar historias coherentes, cuentos con final feliz y se hace imposible porque resuenan los ecos de las explosiones…
Vuelvo mi mirada hacia la Casa de la Nada y me sonrío ¡Qué poco sabía Marta y que poco sabes aún!

Marta Fernandez de Arroyabe Mas
Máster Coach UB Certificada Coaching Comercial CIE. Humanista, ADE y como buena barcelonesa llevo el comercio en mis venas. He trabajado en el sector desde que tengo conciencia. En grandes empresas, en mis propios negocios, aquí y en el extranjero. Como humanista, la perspectiva, la curiosidad y la pasión por la voluntad humana de crear. Como empresaria la constancia, la lucidez de las cifras y, a veces, la desesperación. Como coach, ⓓⓐⓡ es mi manera de ser útil a todos los profesionales de la venta. Una metodología creada y probada para alcanzar tus metas. Mi correo: coreografies@gmail.com
Puedes leerme en este enlace: La Tienda del Coaching
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