Foto de Kristina Flour (Unsplash)

Te quiero contar una historia…

“Érase una vez una rana que estaba nadando dentro de una cazuela llena de agua. Aunque ella no lo sabía, la cazuela se estaba calentando a fuego lento. Al cabo de un rato, el agua estaba tibia. A la rana le parecía agradable y, por tanto, seguía nadando. Poco a poco, la temperatura fue subiendo. El agua empezó a calentarse pero la rana no se inquietó porque el calor le producía una sensación agradable. Una mezcla de fatiga y somnolencia.

«Más tarde, el agua se puso caliente de verdad y a la rana ya no le gustaba. Sin embargo, ya no tenía fuerzas para escapar de la cazuela, estaba muy débil. Se limitó a aguantar. Tenía la esperanza de que el agua se enfriara. Finalmente, la temperatura subió tanto que la rana murió hervida”.

Esta parábola, escrita por el filósofo francés Olivier Clerc, demuestra que un daño, si es muy lento, pasa inadvertido y la mayoría de las veces no suscita reacción ni oposición. Si la rana hubiera entrado directamente en una cazuela a 50ºC habría saltado de inmediato. Y no habría muerto.

Lo mismo ocurre con el maltrato, si se produce de forma brusca e intensa, es más fácil que la víctima salga de ahí. El peligro está en aquellas formas de violencia sutiles, enmascaradas, que van haciendo mella en la confianza, seguridad y autoestima de las mujeres, y que son menos visibles que una agresión física. Pero se debe tener presente que la invisibilidad de la violencia no significa que sea una microviolencia.

Hoy, con motivo del Día Internacional Contra la Violencia hacia las Mujeres, hablamos de otras tres violencias igual de dañinas y peligrosas que sufren millones de mujeres en todo el mundo: psicológica, digital y económica. Se estima, según datos de la Organización Mundial de la Salud, que una de cada cuatro mujeres entre 15 y 49 años ha sufrido algún tipo de violencia por parte de sus parejas. Por tanto, la dimensión de esta vulneración de los derechos humanos es enorme.

Violencia Psicológica

A pesar de su invisibilidad, la violencia psicológica es la más habitual. De hecho, está siempre detrás de cualquier otra violencia. Y aunque no deja marcas físicas visibles, va minando de manera sutil la confianza y seguridad de la mujer que la convierte en una persona vulnerable e incapaz incluso de detectarla. Son golpes invisibles que dañan en lo más profundo de la razón o el juicio de la mujer.

El conocido como “iceberg” de la violencia de género explica de una manera muy gráfica el alcance de la violencia psicológica: insultos, chantaje emocional, control o aislamiento son algunas de sus expresiones más comunes. Nada está a la vista, la mayoría de ocasiones se vive en la intimidad del hogar, pero es muchísimo más grande que aquello que sí vemos. Y a diferencia de la violencia física, el daño se va acentuando y consolidando en el tiempo. Cuanto más persista, mayor será el daño.

Y, ¿cómo reconocerla? Te comparto 5 claves.

En primer lugar, no se trata de un hecho aislado sino que es un proceso continuado en el tiempo que destruye la autoestima de la mujer. Además, este control que ejerce la pareja o ex pareja suele darse en varios ámbitos: vestimenta, relaciones y actividades, ya que se pretende anular la personalidad de la víctima.

El aislamiento es otra de las señales evidentes, y suele producirse a través de críticas y amenazas al círculo más cercano, tanto familiar como de amistades o laboral. Poco a poco, la mujer se sentirá más sola y vulnerable e incapacitada para pedir ayuda. A ello se le suman las humillaciones y desprecios a través de comentarios como “no vales para nada, “sin mi no eres nadie”, que van anulando la capacidad de reacción.

Violencia Digital

Existen 30.000 millones de dispositivos electrónicos conectados a Internet en el mundo, lo que supone tres veces más que la población global. Y de todos ellos, 13.000 millones son teléfonos móviles. Cada día se publican 500 millones de tweets, se envían más de 100.000 millones de whatsapp y cada segundo se suben más de 1.000 fotografías a Instagram.

Estas cifras, que dan incluso vértigo, nos indican que el mundo digital está muy presente en nuestro día a día. Es un espacio infinito y, en muchas ocasiones anónimo, donde la violencia de género está siendo replicada de manera preocupante sobre todo en la juventud y adolescencia.

Los entornos tecnológicos se convierten así en nuevos lugares de control en los que el espacio y tiempo no tienen límites, porque las víctimas están expuestas todos los días. Esta realidad ha dado lugar a nuevas maneras de abuso y acoso que es importante conocer.

En este sentido, y a partir de la clasificación del Consejo de Europa, se pueden considerar los siguientes tipos de violencia digital: ciberacoso, amenazas directas, crímenes de odio y violaciones de privacidad. Las prácticas más habituales son la sextorsión (se amenaza a la víctima con la difusión de imágenes íntimas para obtener un beneficio), sexpreading (compartir imágenes íntimas de una persona sin su consentimiento) y el control por parte de la pareja a través de las claves de acceso, geolocalización o interacciones con otras personas.

Foto de Rawpixel en Freepik

10 formas de violencia de género digital

Acosar o controlar a tu pareja a través del móvil
Interferir en las relaciones de tu pareja en Internet con otras personas
Espiar el móvil de tu pareja
Censurar las fotos que tu pareja publica en redes sociales
Controlar lo que tu pareja publica en redes sociales
Exigir a tu pareja que demuestre dónde está activando la geolocalización
Obligar a tu pareja a que te envíe imágenes íntimas
Comprometer a tu pareja para que te comparta sus claves personales
Obligar a tu pareja a que te enseñe un chat personal con otra persona
Mostrar enfado por no tener siempre una respuesta inmediata digital online

Violencia Económica

La tercera de las violencias ocultas de la que quiero hablarte es la económica, reconocida como violencia de género por el Instituto Europeo de Igualdad de Género y por el Convenio de Estambul. Se entiende como la forma de ejercer el control y poder sobre la mujer y la familia a través del dinero. Y aunque la manera más habitual suele producirse tras la separación o el divorcio a través de los impagos de pensiones (sólo en España se interpusieron alrededor de 20.000 denuncias en 5 años), ¿cómo se manifiesta cuando la pareja aún convive?

Podemos distinguir tres dimensiones: el control, la explotación económica y el sabotaje laboral.

El control se produce cuando la pareja toma decisiones económicas importantes sin tener en cuenta a la mujer, también al exigir los recibos de la compra para comprobar los gastos o cuando la mujer tiene restringido el acceso al dinero. Por su parte, la explotación económica implica dejar a la familia sin recursos e incluso endeudarles antes y después de la separación no pagando, por ejemplo, la parte de hipoteca correspondiente. Ejemplos evidentes son el uso de la tarjeta de crédito personal por parte de la pareja o el retraso en el pago de las facturas que están a nombre de la mujer.

Y por último, el sabotaje laboral sucede cuando se impide o dificulta que la mujer acceda a estudios o al mercado laboral, y después de la separación crea situaciones que pongan en riesgo el puesto de trabajo, o que dificulten acudir al mismo.

Este 25N, Día Internacional contra la Violencia hacia las Mujeres, te invito a reflexionar sobre estas violencias invisibles que impiden que alcancemos la deseada igualdad. Es la única manera de solucionar, mujeres y hombres como aliados, un problema global que implica una vulneración de los derechos humanos que no nos podemos permitir como sociedad.

Ana González Pinto

Nací en Sevilla, España. Desde niña recuerdo mi vocación por la comunicación, por conocer, por contar. Estaba llamada a ser periodista, una profesión que me ha enseñado algunos de los valores que mejor me definen: la verdad y el servicio a los demás.

Pero a veces ocurre que nos cruzamos con una experiencia personal o ajena, y descubrimos que nuestra misión en la vida quizás es diferente de la que soñábamos de pequeños. Fue lo que me ocurrió hace ya más de 10 años cuando comencé a trabajar con personas vulnerables y mujeres víctimas de violencia de género.

He tenido el privilegio de desempeñar varios puestos de responsabilidad en materias como la igualdad, la violencia de género y los servicios sociales. Soy una afortunada por ser parte activa en la construcción de una sociedad más justa, libre e igualitaria y -lo más importante- arraigar otro de mis valores fundamentales: ayudar.

Creo con firmeza -por experiencia personal y profesional- que en las cenizas de la adversidad se pueden encontrar las oportunidades para crecer, mejorar y transformarse. Y confío en que compartir el objetivo común de una sociedad más igualitaria es la semilla para construir una comunidad de personas, empresas e instituciones comprometida con el cambio que está por llegar.

Ex Delegada Territorial de Igualdad, Políticas Sociales y Conciliación de la Junta de Andalucía y Máster en Lobby, Asuntos Públicos y Diplomacia Corporativa.

Web: https://www.soymujerfenix.com/

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